domingo, 8 de diciembre de 2019

SI ELLA NO PUEDE TOCAR

SI ELLA NO PUEDE TOCAR (Relato de MARZO para el #Origireto2019)


El Origireto es una genial iniciativa de Stiby y de Katty. Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras, @stiby2 y @musajue:
http://plumakatty.blogspot.com/2018/12/origireto-creativo-edicion-2019.html

o en http://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2018/12/reto-de-escritura-2019-origireto.html.

Ya me falta poco para cumplir el reto de recuperar todo el año, asi que os dejo con el relato correspondiente al mes de Marzo. Dejadme en comentarios que os parece.


SI ELLA NO PUEDE TOCAR

         Me estaba volviendo loca. No podía soportarlo más. Desconocía cuanto tiempo llevaba en aquel horrible lugar y no tenía forma de poder adivinarlo. A mi alrededor lo único que había era silencio. Un silencio frío y espantoso. Un silencio afilado como una espada. Un silencio que te helaba los huesos y el corazón. El silencio más horrible que había sufrido en toda mi vida. Si: sufrido. Porque no era capaz de reconocer mi vida si la música no estaba en ella. No era capaz de recordar ningún momento en el que la música no me hubiera acompañado.
         Desde que nací mamá me había cantado hermosas nanas y después divertidas canciones que alegraron toda mi infancia. Después vino el conservatorio. Mamá era profesora de fagot y en cuanto tuve la edad suficiente empecé a estudiar música con ella. Aunque aquello no era estudiar: era disfrutar. Cada nota, cada compás, cada melodía que escuchaba me llenaban de felicidad.
         En mi casa había multitud de instrumentos musicales de viento: flautas extrañas traídas de distintos viajes, saxos vetustos y trombones… además por supuesto del sempiterno e intocable fagot de mamá, con el que daba hermosos conciertos que nos llenaban el corazón y la nevera. Mamá siempre decía que el único amor más grande que el amor a la música era el que sentía por mí, que solo dejaría la música por mí.  Decía que nadie en el mundo, salvo un hijo, merecía ser amado más que la música. Decía siempre que la música era la vida misma. Que todo en la vida era música: cada sonido de cada objeto, ya fuera en la cocina, en el colegio o en la calle. De todas partes podías obtener sonidos e imprimiéndoles el ritmo adecuado todos ellos podían convertirse en bella música de uno u otro género. Porque aunque penséis que una concertista de fagot solo toca música clásica, mamá tocaba cualquier tipo de música con su instrumento, y a menudo me pedía que la acompañara con mis juguetes o tocando palmas. Mamá también decía que al final todo en esta vida te decepcionaba o te traiciona salvo la música. Sobre todo las personas. Decía que incluso las personas que más te quieren te acaban haciendo daño antes o después, pero que la música siempre está ahí para reconfortarte y que siempre hay una canción para todos los momentos. Nunca estuve segura de si debía creerla, puesto que pensaba que el amor verdadero estaría por encima de la música. Yo estaba segura de que cuando el amor llamara a mi puerta, la música me seguiría acompañando, pero no podría sustituir a mi amado.
         Así fui creciendo. Al acabar los estudios básicos me dediqué por completo a la música. Aprendí a tocar mejor, a escuchar mejor y enseñar a  amar la música a los niños que no habían tenido la suerte de tener una infancia como la mía, en la que la música era el mismo amor.
         Conocía a Braulio tras un concierto de la orquesta en la que estaba tocando. Solía tocar con varias porque el fagot no es un instrumento muy popular y había pocas fagotistas aparte de mi madre y de mi. Creo que fue amor a primera vista. Él era atrezzista en el Auditorio Real, donde tocamos aquella noche y en cuanto nuestras miradas se cruzaron supe que mi vida cambiaría para siempre. Algo dentro de mi corazón me decía que acababa de encontrar a la persona que trastocaría todo mi mundo. Desde el primer momento supe que Braulio cambiaría mi vida de arriba abajo y para siempre. Antes de verle por primera vez estaba segura de que nada en el mundo podría hacerme más feliz que la música, pero tras cruzar mi mirada con sus profundos ojos castaños supe que la felicidad absoluta aún estaba por venir. En ese momento pensé que mamá estaba equivocada. Y también ese momento supe que mi vida acababa realmente de empezar.
         Toqué durante todo el concierto pensando en Braulio, aunque aún ni siquiera sabía que aquel era su nombre. Toqué mucho más contenta que las últimas veces, porque estaba segura de que aquel chico moreno me estaría esperando al final del concierto, aunque no habíamos llegado a cruzar ni media palabra cuando nos habíamos visto. Aquella mirada me lo dijo todo. No tenía ninguna duda de que él había sentido lo mismo que yo, de que nos habíamos entendido. Para mí aquel cruce de miradas fue una clara declaración de intenciones, y de amor.

         Mi madre tenía razón. Toda la razón. Me arrepiento tanto de no haberla creído, de no haber seguido sus consejos. Siempre me decía que no me fiara de nadie, pero de los hombres menos aún. Siempre me decía que igual que mi padre la había abandonado a ella por poner su carrera musical por delante de él, así cualquier hombre que no fuera músico se apartaría de mí si ponía la música por delante. Yo estaba empeñada en creer que con Braulio no sería así, pero ahora le daba la razón a mi madre: la música le había alejado de mí y ahora estaba sola y rodeada de un silencio sepulcral.
        
         Cuando acabó el concierto y recogí mi fagot, tras despedirme de mis compañeros de orquesta me dirigí a la puerta de artistas para salir a la calle y allí estaba Braulio, fumando un pitillo. Eso no me gustó, pero pensé que no era más que un detalle que podría cambiar más adelante.
                   —¿Te ha gustado el concierto?
                   —Yo no entiendo de música, solo monto escenarios. ¿Vamos a dar una vuelta? Tengo el coche aquí al lado, puedes dejar la flauta en el maletero y te invito a cenar.
         Bueno, no mucha gente sabe cómo es un fagot, ya lo aprendería con el tiempo.
                   —No es una flauta, es un fagot y no lo puedo dejar en el maletero con este frío, se desafina. ¿Por qué no me llevas a mi hotel a dejarlo y luego ya cenamos donde quieras?
         Braulio me miró con suficiencia.
                   —Lo que tú quieras preciosa. Sube.
         Subí en su coche mientras en mi cabeza se armaban un montón de preguntas y de dudas. En mi cerebro se estaba montando palabra a palabra una frase que siempre me había dicho mi madre: nunca montes en un coche con un desconocido. El miedo empezó a subirme desde el estómago hasta hacerme un gran nudo en la garganta. Necesitaba romper ese silencio incómodo y constatar que mi madre se equivocaba, que todo estaba bien.
                   —¿Porqué no pones un poco de música para el camino?— Le dije, después de mirar la radio del coche y darme cuenta de que no tenía ni idea de cómo accionarla.
                   —No puedo, no funciona la radio. Pero no te preocupes, ya estamos llegando.
         Aceleró por la carretera. Habíamos dejado atrás el centro y mientras circulábamos hacia la periferia en busca de mi hotel me di cuenta de que esas calles no me resultaban familiares. No estábamos yendo hacia mi hotel. El miedo que seguía anudándome la garganta apretó el nudo un poco más. La velocidad tampoco ayudaba.
                   —¿Podrías ir un poco más despacio?
          Braulio me miró por un segundo y pude ver como su rostro adquiría un gesto socarrón y amenazante. Como respuesta a mi petición dio otro pisotón al acelerador mientras me miraba a los ojos. Entonces unas luces entraron en mi campo de visión y cuando le quise advertir era demasiado tarde.

         No recuerdo qué pasó después. Solo sé que me desperté en un hospital, llena de tubos y cables por todas partes. Me dolía intensamente todo el cuerpo y tenía un respirador conectado en la garganta. No podía hablar. Desperté sola en aquel lugar inhóspito y cuando vino mi madre sus ojos estaban morados de llorar. Yo también lloré, de rabia y de impotencia. No entendía nada. La gente hablaba a mi alrededor y yo no oía nada. No podía moverme. Quería saber que había pasado, quería saber donde estaba mi fagot, no quería dejarlo en el maletero frío toda la noche, alguien debía ir a por él pero  no tenía forma de comunicarme.  A mi alrededor solo había caras largas llenas de preocupación y mi madre se fue dejándome allí. Entonces entendí aquello que siempre decía de que hasta las personas que más te quieren te acaban haciendo daño. No quería estar sola pero nadie se quedó a mi lado.
         Una intensa sensación de sueño me invadió y no tuve fuerzas para luchar contra él. Cuando volví a despertar ya solo había silencio y oscuridad, no había cables ni luces ni tubos: solo silencio. No sabía cuánto tiempo había dormido pero necesitaba saber que alguien había traído mi fagot.
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                   —Marisa, el informe es muy claro, no podemos hacer nada.
                   —Pero sigue respirando. Podría despertar.
                   —No Marisa, nunca volverá a abrir los ojos. Lo siento mucho pero debes hacer un esfuerzo por  entender que eso no va a pasar. Deberías despedirte de ella y dejarla ir. Según el informe del neurólogo está en situación de muerte cerebral.
                   —Pero he traído su fagot, un bombero me lo dio. Si lo ve seguro que despierta.
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         En este lugar hace demasiado frío. Este silencio es incompatible con la vida. Necesito  mi fagot pero creo que sigue en el maletero de Braulio, se va a desafinar con este frío. Él me ha separado de la música, él se ha puesto por delante… esto no es amor. Esto no es vida.
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         Dos días después salió la noticia: La respetable fagotista de la orquesta nacional Marisa Patra deja la música después de perder a su única hija en un terrible accidente de coche. La joven salía del teatro real tras el concierto homenaje a Milan Turkovic cuando el coche en el que viajaba con Braulio Gómez, atrezzista del mismo teatro chocó contra un camión al invadir el carril contrario. El muchacho falleció en el momento mientras que la joven llegó con vida al hospital, donde los médicos no pudieron hacer nada por salvar su vida.

Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2019.


·  Objetivo 3: Escribe un relato en el que la música tenga un papel importante.
·  Objeto oculto: nº 6: Un informe médico.
·  Objeto oculto: nº10: Un instrumento musical.
·  Palabras: 1671 (milpalabrista)· 
Ademas: feminista en primera persona.
Además, la pegatina:

domingo, 1 de diciembre de 2019

VENGANZA

VENGANZA (microrrelato #Origireto 2019 Marzo)



Continuando con mi participación en el #Origireto2019 ,  aquí teneis el micro correspondiente a Marzo.  Se trata de una precuela del genial relato de Brayan  @Aqueloutrado titulado El Tigre, y que debeis leer urgentemente aqui: https://aqueloutradoblog.wordpress.com/2019/02/01/origireto2019-el-tigre/

 para mas datos sobre este fantástico reto creativo podeis visitar:
 y también

Os dejo el microrrelato.


VENGANZA

                   —¡Verás que cara se le queda! –Le dije a Raquel.
                   —Es que mira que regalarte semejante horror.
                   —Él piensa que me encanta, cree que tengo ocho años.
                   —Bueno, lo hemos encontrado un lugar mejor.
         Nos reíamos muy a gusto. Me gustaría ver la cara de mi padre cuando fuera al olivar y viese allí aquel regalo tan inútil que me había hecho. Cogería la indirecta (y seguramente un buen cabreo, pero me daba igual).
         Seguimos pedaleando las dos en dirección al pueblo cuando nos cruzamos con un coche de la policía.
                   —Esther ¿Crees que irán para allá por culpa nuestra?
                   —No lo creo Raquel.
         No lo creía, estaba segura. Había colocado el enorme y horrible tigre de peluche de modo que la sombra le hiciera parecer real. Mi padre se llevaría un buen susto antes de darse cuenta, haría un ridículo tan grande como el que me hizo pasar en mi último cumpleaños. Mi venganza estaba en marcha jejejeje

·  Este microrrelato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2019.


·  Objetivo 19: Básate en una noticia o hecho real para escribir un relato. Aquí teneis la noticia: https://www.lasprovincias.es/sociedad/vecino-murcia-confunde-20180803104124-nt.html
·  Objeto oculto nº35:Una bicicleta.

·  Caracteres: 906 caracteres
Además: feminista y supera el test de Bechdel .

domingo, 17 de noviembre de 2019

¿SIRENAS?


¿SIRENAS?(microrrelato #Origireto 2019 Noviembre)



Continuando con mi participación en el #Origireto2019 ,  aquí teneis el micro correspondiente a Noviembre. En mi afán por no repetir enlaces, cada mes enlazo con un autor distinto y en este caso le ha tocado a @GemaSeellie con su relato Palmarola que teneis que leer obligatoriamente aqui: https://beyondallthestars.blogspot.com/2019/10/palmarola.html

 para mas datos sobre este fantástico reto creativo podeis visitar:
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Os dejo el microrrelato.

¿SIRENAS?

                   —Demasiado fácil ¿no?
                   —Para ti, ¡no te fastidia!
                   —Venga mujer, si yo he hecho la peor parte, sacarle de la isla.
                   —Eso te pasa por tener piernas.
                   —¡No son piernas! ¡Déjame en paz!
         Telxíone me saca de quicio. Sé que me quiere pero siempre se mete con mi horrible deformidad. En lugar de una brillante y poderosa cola como la suya, yo tengo una cola bífida cuyos extremos acaban en una especie de dedos. Y para colmo solo está cubierta de escamas en algunas partes. Lleva toda la vida repugnándome ser un monstruo. Pero utilizo toda la rabia que me produce en amedrentar al marinero de la barquita para que nos siga trayendo comida.
         Con dos ágiles brazadas me dirijo a la cueva de la playa a disfrutar de mi premio. No me doy cuenta de que ella me sigue.
         Cuando la oigo gritar es demasiado tarde.
                   —¿Qué haces, Pisíone? ¡Es nuestra comida!
         Neviani yace debajo de mi, agotado pero vivo. No pienso entregárselo.

·  Este microrrelato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2019.

·  Objetivo 15:Cuenta una historia que suceda en una isla deshabitada.
·  Objeto oculto nº4:Una criatura mitológica.

·  Caracteres: 926 caracteres
Además: feminista, supera el test de Bechdel (creo, no estoy nunca segura de esto) y es interesante a la par de terrible ¿no?

jueves, 7 de noviembre de 2019

LA EMPERATRIZ

LA EMPERATRIZ ( relato de Febrero #OrigiReto2019)




El Origireto es una genial iniciativa de Stiby y de Katty. Las normas de este reto se pueden consultar en las bitácoras de las organizadoras, @stiby2 y @musajue:
http://plumakatty.blogspot.com/2018/12/origireto-creativo-edicion-2019.html
http://plumakatty.blogspot.com/2018/12/origireto-creativo-edicion-2019.html

o en http://nosoyadictaaloslibros.blogspot.com/2018/12/reto-de-escritura-2019-origireto.html.

Sigo empeñada en completar todo el año así que os traigo el relato de febrero. Espero que lo disfruteis y me dejeis vuestras opiniones en comentarios:


LA EMPERATRIZ


         La soberbia emperatriz estaba harta. Por más que se esmeraba nunca se veía bella, como antes. Cuando se casó con el emperador era la mujer más bella del reino. Todas la envidiaban y la querían. Siempre vestía vestidos sencillos pero su sonrisa la dotaba de una belleza sin par. Sin embargo con el tiempo su carácter fue cambiando, tanto afán ponía en ser el centro de atención que poco a poco fue invirtiendo mas tiempo y mas recursos en su aspecto que en lo realmente importante: vivir feliz gobernando el reino con su esposo. Su eterna sonrisa fue cediendo espacio a  un ceño fruncido que la hacía parecer siempre enfadada.
         Tenía dos plantas enteras de palacio dedicadas exclusivamente a ser su vestidor personal. Disponía de un programa informático especialmente desarrollado que la ayudaba a combinar sus prendas para no repetir conjunto jamás de los jamases. Era como un videojuego de moda hecho a su medida. Tenía a sueldo a las mejores costureras del reino y también a todos los grandes modistos, tanto de su reino como del mundo entero. No en vano era la emperatriz de la moda. Todas las revistas informaban puntualmente de su último atuendo, sin escatimar en detalles y analizando exhaustivamente hasta el mínimo matiz. Y todas se cuidaban muy mucho de poner de manifiesto el más ínfimo detalle negativo de su señora. Aunque su permanente ceño fruncido le afeaba el gesto en casi todas sus instantáneas, que comparaba diariamente con una polaroid que guardaba de cuando fue coronada.
         La emperatriz tenía, además, un ejército de peluqueros y maquilladores expertos en los últimos productos y aplicaciones para lucir lo más bella posible.
         Pero Exmara era exigente. Una pestaña descolocada la podía suponer a la maquilladora un castigo tremendo: mandaría arrancarle  sus propias pestañas y dejarla al sol sin unas gafas de sol, por ejemplo. Porque eso sí, todos sus castigos eran ejemplares.
         Igual que emanaba glamour y moda por cada poro de su piel, en la misma medida vomitaba odio y maldad fruto de su profunda insatisfacción permanente con su aspecto. Y por más que lo intentaba con todos los medios a su alcance, que eran muchos, siempre se veía alguna falta que la hacía fruncir el ceño.
         El emperador se limitaba a intentar gobernar el reino sin hacer apariciones públicas puesto que Exmara nunca estaba de acuerdo con el aspecto de Yokarlo.
                   —¡Pareces un pordiosero!
         Solía gritarle, aunque Yokarlo se hubiera esmerado en consultar con los asesores de moda de palacio antes de vestirse por la mañana, y hubiera seguido a pies juntillas todas sus recomendaciones. Para Exmara nada era suficiente.
                   —¡No puedes gobernar un reino con esas pintas!
         Le decía a menudo, aunque ella misma jamás se había ocupado de sus deberes para con su reino, puesto que solo se preocupaba de su propio aspecto. El pobre emperador, que tanto la había amado en el pasado, ahora la tenía miedo. Siempre había soñado con tener niños que le acompañasen en su vida, a los que poder mimar y con los que poder dibujar un futuro para el reino, pero por supuesto, Exmara no estaba dispuesta a sacrificar su figura por semejante deseo estúpido de su esposo. Eso había hecho de su matrimonio un matrimonio infeliz, cada uno sufriendo por lo que no tenía.
         El reino de Fashionshow se mantenía siempre expectante de los caprichos de su emperatriz. Todos los habitantes vestían impolutos uniformes grises, todos iguales a todas horas pues así lo había dispuesto Exmara en su afán por ser la más bella del reino. No estaba dispuesta a arriesgarse a que cualquier aldeana despeinada pudiera acaparar más miradas que ella. Así que las leyes solo permitían los colores gris y negro entre el pueblo de Fashionshow. Solo los fabricantes de telas tenían acceso a los materiales necesarios para fabricar paños de colores y a los programas informáticos que desarrollaban nuevos tejidos y estampados para llenar el vestidor de la emperatriz.
         Lejos de ser una próspera empresa, sus empleados vivían atemorizados pues a menudo sufrían las iras de su señora. Si consideraba que un tejido no era lo suficientemente suave, o que un estampado la hacía parecer el culo gordo descargaba toda su furia contra la empresa textil.
         Se acercaba la fecha de la gran Conferencia Internacional del Agua, donde se daban cita los reyes y emperadores de todo el continente para tratar temas relacionados con el precioso bien dador de vida, y mientras Yokarlo se reunía con sus asesores, expertos científicos e investigadores para poder presentar las propuestas más inteligentes y sensatas, Exmara solo tenía espacio en sus pensamientos para decidir y elegir los vestidos que luciría esos días.
         Ningún diseño de los que la presentaban la parecía adecuado para cita con tan altas personalidades. Su objetivo era, como siempre, ser el centro de atención.
         Tanto era así que decidió convocar un concurso internacional de alta costura exclusiva para poder estrenar los modelos más exquisitos.
         Todos los habitantes del reino se echaron a temblar, puesto que sabían que si Exmara no acababa satisfecha la pagaría con el pueblo, como siempre. Dedicaron tiempo en sus hogares a preparar sus uniformes más nuevos para esos días, pues todos debían acudir a aplaudir a las autoridades extranjeras y su aspecto debía ser inmaculado.
         Llegaron propuestas de todas partes del mundo: vestidos de seda de la india con estampados que harían delirar a Emilio Pucci, trajes que harían palidecer a Christian Dior, incluso fantasías que volverían loca a Ágata Ruiz de la Prada… Todos los diseñadores se volvían locos por ser el elegido para vestir a la emperatriz. Sin embargo, Exmara y sus asesores de moda no terminaban de decidirse, porque todos esos atuendos les parecían demasiado simples para tal ocasión.
         Caminaba por un pasillo de palacio acompañada de dos de sus asesores, intentando decidir sobre el atuendo para la gala,  cuando Exmara vio a una de sus peluqueras, con el uniforme gris y negro, y le pareció que la joven era mucho más bella que ella. Iracunda y furiosa se acercó a ella con paso decidido y la agarró por el cuello, mientras la pobre peluquera intentaba parecer pequeña y ni siquiera se atrevía a mirar a los ojos de su señora.
                   —¡Tú! ¿Qué tienes en la cara para ser más bella que yo?
                   —Nada señora, llevo la cara lavada, como siempre. Nunca me he saltado las normas del reino.
                   —¡No seas impertinente! —gritaba Exmara a la pobre infeliz, que del miedo que tenía no podía dejar de llorar a lágrima viva.
                   —Señora, solo llevo un uniforme limpio y la cara lavada. Su majestad es la mujer más bella. Yo no.
         En ese momento uno de sus asesores intercedió por la peluquera.
                   —Majestad, si me permite.
                   —¿Qué?
                   —Creo que podemos llevar a esta joven a uno de los probadores y examinar cual es el origen de esa belleza    que usted aprecia. Aunque ya le digo que nadie es tan  bella como que usted.
         Exmara se apiadó de la joven y la soltó, aunque su expresión malhumorada no mejoró ni un poco al hacerlo. La pobre infeliz aún así, no podía dejar de llorar. Incluso con la cara llena de lágrimas, cada vez que Exmara la miraba, no podía dejar de verla más bella que a nadie en el mundo. Y eso la hacía enfurecerse a cada paso que daban por el pasillo camino de uno de los probadores reales. Al llegar la hicieron subirse al pedestal que había en el centro y que normalmente ocupaba la emperatriz. La joven obedeció, sintiéndose extraña y atemorizada. Intentó dejar de llorar y haciendo uso de toda su voluntad, lo consiguió a duras penas. Se mantuvo en el pedestal con la cabeza gacha mientras la emperatriz y sus asesores la miraban de arriba abajo juzgando su aspecto.
                   —No tiene nada de particular, majestad. Solo es una peluquera del montón.
                   —¿No tenéis ojos en la cara? Hasta con los ojos enrojecidos por el llanto esta puñetera es más guapa que yo.
                   —Se equivoca majestad. Su escasa belleza no le llega ni a la suela de los zapatos.
         Los asesores intentaban convencer a la emperatriz de que la desdichada peluquera no era para tanto puesto que les convenía tenerla contenta, pero en el fondo no podían ignorar la belleza innata de la joven. Era una belleza sencilla y sin adornos.
                   —¡Quítate el uniforme! ¡Y suéltate ese moño!—Le gritó Exmara con el ceño bien fruncido.
         La emperatriz estaba buscando el origen de la belleza de esa mujer incluso debajo de su apariencia externa. Sin embargo los asesores sabían dónde estaba exactamente la belleza de la joven, incluso sin mirarla: en el brillo de sus ojos y en su sonrisa, que ahora se había difuminado con el llanto.
         Al quitarse el uniforme y quedar en ropa interior, la emperatriz pudo ver el vientre de la joven lleno de horrorosas estrías.
                   —Por favor, que asco de cuerpo. ¿Cómo puedes ser bella con semejante abdomen?
         Todos guardaron silencio alrededor de Exmara.
                   —¡Responde!
                   —Majestad, las estrías de mi vientre son la causa de mi felicidad. Recientemente tuve un bebé precioso que es la alegría de mi vida.
                   —¿Un bebé? Eso no te convierte en más bella.
                   —Lo sé, majestad, pero me hace tan feliz, que la belleza ha dejado de importarme.
                   —¡Menuda estupidez! Vístete y sal de mi vista. No quiero volver a verte.
         La joven se vistió y salió de palacio corriendo. Por suerte, esa sentencia de la emperatriz la había liberado de seguir a su servicio, así que recogió sus peines y se fue a su casa con su familia. Ahora estaba más feliz todavía que antes.
                   —Majestad, si me permite —Dijo uno de los asesores
                   —¿Qué quieres?
                   —¿Podría ponerse frente al espejo?
         La emperatriz así lo hizo. Y al verse vio a la mujer más fea del mundo. Toda enfadada y con la frente arrugada.
                   —¿Lo ve?
                   —¿Qué tengo que ver, imbécil?
                   —Su belleza
                   —¿Mi belleza? Os mandaré ahorcar por hacerme perder el tiempo. Habéis visto igual que yo que hasta una peluquera me supera en belleza.
         A pesar de la ira de la emperatriz, el asesor siguió intentando explicarse, aún  a riesgo de perder su propia vida.
                   —Majestad. Mírese a la cara. ¿Ve esas arruguitas entre los ojos? Creo que son las que la están robando su belleza. Intente sonreír y dejar de mostrar ese enfado.
                   —¡Esa estúpida era bella incluso después de llorar!
                   —Inténtelo, majestad. Le prometo que no se arrepentirá.
         Exmara intentó sonreír, pero era algo que llevaba tanto tiempo sin hacer que apenas recordaba como se hacía.
                   —¿Ve? —dijo el asesor ante la mueca que se dibujó en la cara de su señora. —Ahora es mucho más bella. Lo único que tenía esa peluquera y que usted no tenía era su sonrisa.
         Exmara sonrió con maldad ante tal afirmación. Viéndose de nuevo bella por un momento.
                   —La he dejado sin trabajo, no creo que vuelva a sonreír en mucho tiempo.
         Dijo la emperatriz, regocijándose en su propia maldad. Pero al hacerlo vio como el rostro del espejo cambiaba y se volvía horroroso de nuevo. Parecía ser verdad que una sonrisa era lo único que necesitaba para ser más bella. Entonces sacó la vieja foto que guardaba y la miró con detenimiento. Estaba bellísima en esa foto, a pesar de que llevaba un vestido elegante pero sencillo. Se fijó y en efecto: lo más bello de la foto era su sonrisa.
         Volvió de nuevo su rostro al espejo e intentó sonreir de nuevo buscando su belleza perdida…entonces, el espejo estalló en mil pedazos.

Este relato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2019.

·  Objetivo 12: Crea tu propia versión de un cuento conocido (¿habeis adivinado cúal? se admiten apuestas)
·  Objeto oculto: nº29: Un videojuego.
·  Objeto oculto: nº23: Una foto vieja o polaroid.
·  Palabras: 1923 (milpalabrista)· 
Además, la pegatina:


viernes, 1 de noviembre de 2019

SACRIFICIO

SACRIFICIO (microrrelato #Origireto 2019 febrero)


Continuando con mi participación en el #Origireto2019 y luchando por recuperar los meses atrasados,  aquí teneis el micro correspondiente a Febrero. Está enlazado con el relato Noche de fuego  , de Kalen de febrero (ya sabeis que intento ser organizada). Debeis leerlo urgentemente aaqui: http://lasombraescondida.blogspot.com/2019/02/noche-de-fuego-relato-de-febrero-del.html
 para mas datos sobre este fantástico reto creativo podeis visitar:
 y también

Os dejo el microrrelato.

SACRIFICIO



Resucité en Octicrón tras la desmaterialización. A tres mil años luz de la Tierra lo primero que vi fui a Raina, aquel repugnante ser.
                   —Alduin, has tardado más de la cuenta en volver de la Tierra, espero que traigas buenas noticias.
         Que sus hembras son suaves y neumáticas, complacientes y exigentes, dulces, saladas y cremosas. Que sus machos también son exquisitos e insaciables. El mejor planeta que había estudiado, sin duda.
                   —No las traigo. Tampoco somos compatibles con la especie dominante de aquel planeta. No pienso viajar más, odio las jeringuillas del traspondedor de materia.
                   —Maldita sea Alduin, tendremos que reproducirnos tú y yo entonces o nuestro mundo acabará.
         Después de probar los deliciosos cuerpos Terrestres estaba seguro de que no había nada en el mundo que me diera más asco que Raina. Tenía que hacer un sacrificio enorme.
                   —Nos extinguiremos, porque no pienso tocarte ni con un palo.
         Elegí sacrificar la supervivencia de mi especie.

·  Este microrrelato está enmarcado en el Reto de escritura de #OrigiReto2019.
·  Objetivo 7:Escribe un relato que no suceda en la Tierra.
·  Objeto oculto nº3:Una jeringuilla.

·  Caracteres: 971 caracteres
Además: