miércoles, 30 de diciembre de 2020

SOBERBIA

 Antes de leer este relato te sugiero que leas La Emperatriz, ya que es una continuación de aquella historia.

SOBERBIA

         El caos se desató en el imperio. La ira de la emperatriz no conoció límite alguno después de aquello: que su espejo mágico hubiera decidido suicidarse antes que tener que volver a reflejar la mueca de la horrible mujer fue más de lo que pudo soportar. Cuando el cristal azogado estalló en mil pedazos, el grito que profirió Exmara hizo temblar hasta los cimientos de palacio. Todas las personas que allí se encontraban huyeron despavoridas al reconocer el grito de su señora, mucho más desgarrador y desesperado que otras veces. Muchísimo más aterrador. Un grito que no presagiaba nada bueno.



         Sus asesores huyeron del palacio dejando a la poderosa mujer sola con su odio y su frustración. Todos los peluqueros y maquilladores hicieron lo mismo, al igual  que las lavanderas y planchadoras y también todas las costureras. Los pasos de la enfurecida emperatriz de la moda retumbaban en el vacío que la falta de personas había dejado a su alrededor en el imponente edificio. Incluso el emperador y su séquito habían decidido abandonar atropelladamente el palacio con tal de no cruzarse con semejante montaña de ira.

         Cada vez quedaban menos días para que se celebrara la Conferencia Internacional del Agua y Yokarlo tenía mucho trabajo y mucho que estudiar. Quería que cuando saliera el sol ese día, el reino de Fashionshow quedara en el mejor lugar posible con sus propuestas en la gran cita, y las injerencias de Exmara examinando su posible atuendo para ese día le causaban una profunda irritación, amén de una absoluta desesperación, así que  antes de irse de palacio le pidió a un lacayo que cogiera un traje cualquiera que estuviera limpio para llevarlo con él. No necesitaba más. La Conferencia pondría de manifiesto los sacrificios que cada reino estaría dispuesto a hacer para proteger acuíferos y desaladoras y el comité científico del emperador había desarrollado un proyecto magistral de depuración de aguas residuales que podría aportar grandes beneficios en salud humana y animal al resto del planeta. La cuestión era extremadamente seria y no podía dejar que la frivolidad y el mal humor de su esposa distrajesen ni por un instante a ningún miembro de su equipo de trabajo.

         Sin embargo Yokarlo también estaba muerto de miedo. No era capaz ni de imaginar cual sería la venganza de Exmara ante semejante desplante. Dejarla sola en el enorme palacio, sin nadie sobre quien descargar su enfado y sus frustraciones podía resultar en un tremendo desastre. Y además tampoco contaría con ninguna ayuda para vestirse o peinarse. ¡Hasta los cocineros habían huido! Realmente tener miedo ante lo que se pudiera desatar en el podrido corazón de aquella mujer era la reacción más lógica.

         Yokarlo lo asumía, y estaba dispuesto a tomar las riendas de una vez por todas. Se había dado cuenta de que no podía dejar el imperio en manos de semejante arpía. Estaba dispuesto a sacrificar su persona, pero no podía sacrificar las vidas de todos sus súbditos, así que junto con su equipo de expertos y científicos empezó a idear un plan para sacar a Exmara de palacio y poder así gobernar el imperio con la cordura que tanta falta hacía. Sin embargo los habitantes de Fashionshow estaban tristes y aterrados, ya que el emperador se hallaba oculto para poder urdir todo el plan. Se sentían indefensos ante la irracional emperatriz.        

         Al cabo de un par de días todo estaba listo para derrocar a la mujer y hacerse cargo del trono. Debía ser así, para que la Conferencia Internacional del Agua se pudiera desarrollar sin contratiempos. Yokarlo había dispuesto un primer equipo de exploradores que se ocuparían de llevar presentes a palacio con el objetivo de aplacar los ánimos de la emperatriz. Con ellos iría un segundo equipo con peluqueras, costureras y asistentes que el emperador había reclutado en secreto entre los paisanos. Cuando Exmara estuviera lista para la falsa presentación de la Conferencia, un cochero la llevaría al pabellón del agua, y ahí era cuando el plan debía ser preciso, para que aquella limusina atravesara la frontera sur en lugar de ir al pabellón. Al otro lado de esa frontera estaba el Monte del Olvido. Si lograba dejar a su esposa cerca de allí, su memoria empezaría a borrarse y quizá volviera a ser la muchacha alegre con la que se casó. O quizá olvidase hasta su propio nombre… en cualquier caso no perdía nada. Todo estaba listo. Solo faltaba ponerlo en práctica.

         El equipo de exploradores llegó a palacio y se encontró con un silencio sepulcral. Se decía en las calles que la emperatriz se había encerrado en su cámara y que lo único que hacía era llorar y lamentarse, una vez agotadas sus fuerzas tras desatar todo su mal genio. Llegaron a la puerta de sus aposentos y depositaron allí exquisitos manares y una buena cantidad de joyas que Yokarlo había reunido entre sus amistades reales de otros reinos.



         El chofer esperaba en la puerta de palacio con una magnífica limusina mientras el equipo de belleza intentaba convencer a la emperatriz de que debía acicalarse para el ensayo de la inauguración de la conferencia.

                   —Majestad, no puede fallar en semejante ocasión. Toda la prensa cardiovascular estará presente ese día y su persona debe ser la que más destaque. No nos cabe duda de que podemos ayudarla a lucir como nunca, si usted quiere, por supuesto.

         El osado maquillador estaba convenciendo a la mujer, porque conocía a fondo los límites de su vanidad, tras años (sufriendo) a su servicio. Finalmente Exmara cedió y les dejó pasar a todos. Se esmeraron como nunca en su labor de embellecer a la emperatriz y el resultado fue sobresaliente. A falta de su espejo mágico, ella se miró en el espejo grande de su vestidor privado, quedando bastante satisfecha con el resultado. La ira, la fuerza y la frustración habían dejado paso a una mujer derrotada que intentaba estar a la altura de sí misma, pero cuyo ánimo solo la llevaba a lo más profundo de su soledad.

         Llegaron a la limusina y todos se deshicieron en alabanzas hacia la belleza que acompañaba a la emperatriz, no había otra como ella en toda la Tierra. Recuperando su porte regio montó en el vehículo y fijó su mirada al frente con desaire. El trayecto hasta el pabellón no era largo, pero el chofer parecía estar dando un ligero rodeo. Por motivos de seguridad, le dijo a ella. Salieron de la ciudad y ante la estupefacción de Exmara, cuyo carácter violento estaba volviendo a ocupar su lugar, la limusina se detuvo en un margen del camino. El chofer, embozado, bajó del vehículo y abrió la puerta trasera.

                   —Majestad, le vendrá bien tomar un poco de aire antes de ir al pabellón.    

                   —¡No necesito tomar aire!¡Necesito llegar ya, inútil! ¡Mi vestido se está arrugando!

                   —Tu soberbia acabará contigo.

                   —¿Quién osa hablarme así? ¡Cochero! ¡Quiero ver tu cara!

         Cuando el cochero descubrió su rostro, una rugiente carcajada salió de los labios pintados de la emperatriz, levantando ecos imposibles.

                   —Yokarlo… Debí imaginarlo. Nadie en su sano juicio se me opondría.

         Dijo la mujer mientras se atusaba el peinado y parpadeaba coqueta, destilando maldad por cada poro. Entonces el emperador se acercó y la sujetó por la cintura, acercando sus labios los de ella.

                   —Mírame a los ojos —Le pidió mientras forcejeaba para mantener el abrazo.—Necesito saber si aún existe la mujer de la que me enamoré.

         Exmara profirió otra sonora carcajada-

                   —Eres un iluso Yokarlo—dijo ella cesando el forcejeo, bajando la voz y mirando a su esposo tan de cerca como hacía años que no hacía. Entonces sintió como una gota escurría desde detrás de su oreja, justo donde el hombre había puesto su mano intentando acercar sus ojos.

         No sintió dolor, solo paz. Sintió como su vida se escurría entre los brazos de su apocado esposo, que la sostenía mientras ella se desvanecía.

                   —Mi vestido …

         Esas fueron sus últimas palabras, mientras su sangre azul teñía de rojo su mortaja.

Este relato está enmarcado en el reto de escritura #Origireto2020 organizado por Kat y Stiby. Podeis consultar las bases y apuntaros en sus blogs clickando aquí  o aquí

OBJETIVO PERSONAL:
 El objetivo personal que me propuse a principios de año era el de escribir seis relatos extra, enlazando relatos del origireto2019 y escondiendo en cada uno 2 objetos del origireto2020

Este relato es el tercero de los seis (y seguramente el último de ellos).
Está enlazado con La emperatriz, relato de febrero del Origireto2019.
He seleccionado este relato porque tanta maldad no podía quedarse así

Objetos ocultos:5: el sol y 21: sangre azul

Además: milpalabrista (1330 palabras), 

Gracias por leer hasta aquí.

Déjame tu comentario para saber si este relato te ha gustado o no. Prometo contestar.

foto 1: palacio de verano de San Petersburgo.
foto 2: de la página "las mejores limusinas".
foto 3: francamente no me acuerdo, la saqué de internet y me encanta.



martes, 8 de diciembre de 2020

LA DESCONOCIDA DEL PANTEON

 

LA DESCONOCIDA DEL PANTEÓN

                   —Virgine, ¿de verdad está tan mal?

                   —Si, Camille. Aunque la ves lúcida de mente, su cuerpo se está apagando. La muerte de su nieto le ha dado la puntilla.

                   —Lo cierto es que desde que murió mi hermana, mi madre empezó a empeorar. La pena se enquistó en su corazón.

                   —Ha de ser horrible perder a tu primogénita, y más cuando deja un niño pequeño.

                   —Mi madre no ha podido con ello. La muerte de mi sobrino era más de lo que podía soportar la pobre a estas alturas. Al menos mi padre está con ella, él lo ha llevado mejor.

                   —Eso parece, pero si hablas un rato con él verás que su mente está confusa.

                   —Es muy mayor. Ha sido también un duro golpe para él. Menos mal que tienen la ciencia. La química siempre le ha unido y les ha dado fuerza para salir de todos los problemas.

                   —Lo sé. Podríais ser ricos si tu padre hubiera patentado sus descubrimientos.

                   —Nos va bastante bien, ¿no te parece? Mi padre es un hombre de principios, siempre pensó que acumular riquezas resultaba indigno. El valor de la ciencia está en ser para todos.

                   —Nunca he alcanzado a comprender como tu madre le permitió no registrar las patentes, siempre fue una mujer práctica.

                   —Si, práctica y enamorada Virgine. Desde que conoció a mi padre dejó de posar para pintores y se dedicó por entero a él. Bueno, a él y a la química. Cuando les ves hablar de experimentos y descubrimientos es como si el tiempo se detuviese a su alrededor.

                   —Lo sé. Lo he visto mil veces. Sin embargo ella siempre hizo todo el trabajo.

                   —No seas injusta. Mi padre siempre ha trabajado duro.

                   —¡Pero Camille! ¡Tu madre más aún! Fue capaz de cuidar de ti y de tus hermanos y de gobernar esta casa para que todo funcionara con la precisión de un reloj suizo. Y además de todo eso le dio a tu padre la mitad de sus ideas geniales.

                   —La verdad es que juntos han hecho grandes cosas.

                   —En ti misma tienes la prueba.



         Virgine posó su mano en el hombro de Camille, con la mirada llena de la admiración que siempre le había profesado. Desde que la conoció había vivido prendada de su forma particular de ver el mundo. Y es que ser Camille Berthelot y haberse criado  con unos padres científicos le había forjado un carácter único.

         Había aprendido de su madre Sophie como ser una buena mujer y una buena esposa, y también que el trabajo y el esfuerzo siempre daban sus frutos, con la ayuda del Señor. De ella también había aprendido a valorar los pequeños detalles, como el gesto que Virgine acababa de hacer. Como la sutil diferencia existente en las reacciones químicas. Su padre, Marcellin, había establecido años atrás la diferencia entre  las reacciones exotérmicas y las endotérmicas y era asombroso observar cómo se producían diferentes tipos de pequeñas explosiones y espumas cuando sus padres desplegaban su magia en el laboratorio del sótano.

         La química nunca había sido lo suyo, pero había aprendido que los más ínfimos detalles pueden generar enormes diferencias. Y por eso valoraba mucho esa mano amiga en su hombro. Ese gesto le transmitía mucho más que amistad en esos momentos dolorosos.

                   —Gracias, Virgine, por todo. Sé que estás haciendo un gran esfuerzo para cuidar de ellos.

                   —En realidad tu padre no se aparta de su lado.

                   —Y si no fuera por ti estoy segura de que ni siquiera comería.

         La mirada de Camille expresaba mucho más que gratitud. Sin embargo había aprendido otra cosa de su madre: que aparentar tiene más letras que ser. Era la hija del ministro, debía guardar las formas. Por eso había elegido casarse y formar una familia. Su amante esposo había resultado ser un buen hombre que la amaba con locura y ella había aprendido a quererle. Pero eso no evitaba que lo que sentía por Virgine menguara ni una pizca siquiera. Hacía años, cuando sus padres la contrataron como cocinera en la casa no tenía ni idea de en lo que aquella mujer se convertiría con el tiempo. Era su mejor amiga, su confidente. El cariño que le tenía era muy especial. Y lo que estaba haciendo por sus padres no se lo podría pagar nunca, aunque se llevara un buen sueldo por ello.



                   —Virgine, ¿recuerdas cuando te hablé de aquel señor de Flandes?

                   —¿El flamenco estirado ese que se hizo tan amigo de tu padre en el ministerio?

                   —Si.

                   —Ayer recibí un mensaje suyo. Me daba las condolencias por su muerte.

         El rostro de Virgine palideció al oírlo. Era una mujer muy supersticiosa, y nombrar a la muerte en casa de un moribundo traía malos augurios. Cierto era que la moribunda era Sophie, pero igualmente le dio mala espina.

                   —¿Cómo comete alguien de su posición un error tan grave?

                   —No solo trabajaba con él en el ministerio. Lleva tiempo detrás de patentar todas las cosas que mi padre no ha patentado. Anda malmetiendo con unos y otros, ya ha convencido a casi cuarenta científicos de que los descubrimientos de mis padres deberían estar dando beneficios en sus cuentas. Piensa que se hará de oro si logra robar los tesoros científicos de mi padre, como si fuera Ali Babá. Creo que su mensaje fue un error planificado.

                   —¿Planificado?

                   —Si. Creo que está intentando provocarme para que le diga la contraseña que abre la gruta. Piensa que perderé los papeles y le abriré el camino hacia la cátedra de mi padre. Me conoce muy poco.

         Virgine estaba segura de eso. Ni siquiera ella, con quien la unía una relación especial, era muchas veces capaz de prever las reacciones de la mujer.

                   —¿Qué vas a hacer?

                   —Nada. Ignorarle. Es lo que habría hecho mi madre. No puedo dejar que algo así me afecte. Ahora lo más importante es ella. Debo estar a su lado.

                   —Creo que te equivocas. Deberías ponerle en su sitio.

                   —No. Mi marido se ocupará de él. Yo debo cuidar de mi madre en este momento. Solo quería decírtelo para que sepas entre la clase de gente que nos encontramos. No confíes en nadie. Son como hienas.

         Camille regresó a la alcoba donde su padre velaba incansable a su madre enferma. La pérdida de su hija hacía nueve años la había hecho enfermar y la reciente muerte de su querido nieto la había debilitado en exceso. La enfermedad se la estaba llevando al otro lado. La chispa de sus ojos se estaba apagando poco a poco y veía desesperada como su padre se estaba dejando la vida en cuidarla. Aún a ratos les oía hablar de sus siete amores: sus seis hijos y la termoquímica. Era inimaginable, pero así era. En el lecho de muerte de su madre expresiones como bomba calorimétrica eran normales, a ella no la sorprendían.

         El anciano se levantó.

                   —Camille, quédate con tu madre un momento, he de comprobar una cosa en el laboratorio.

                   —Si padre.

         Mientras Camille se quedaba al cuidado de Sophie, un agotado Marcellin se dirigió al laboratorio donde sus colaboradores seguían sus instrucciones para evaluar la influencia del radio en los cultivos. Estaba seguro de que lograría grandes avances en ese campo, aunque también lo estaba de que la vida se le escurría entre los dedos enjutos y cansados.



         Al entrar en el laboratorio sintió una enorme paz. Aquel laboratorio era su hogar tanto como lo era su casa, con la diferencia de que allí las variables las podía controlar y eso le daba la seguridad que enfrentarse a la inminente muerte de su esposa le estaba arrebatando. Dio unos cuantos pasos adentrándose en la pequeña huerta con la que estaban probando algunas ideas cuando lo vio. Era una especie de ratón sin pelo que caminaba torpemente entre los surcos. No podía ser. No podían tener una plaga de ratones en sus cultivos. Porque estaba seguro de que el radio había transformado a un ratón de campo en aquel aberrante ser. Lo cogió con facilidad y lo puso frente a sus ojos para verlo mejor.

                   —¿Y a ti que te ha pasado? Tendré que llevarte dentro para analizarte. Parece que el radio te ha hecho daño ¿verdad?

         El anciano dio media vuelta para entrar en el laboratorio cuando una extraña voz salió del animal que tenía entre sus manos.

                   —No soy un ratón. El radio no puede hacerme nada, porque no soy de este planeta. Solo estoy intentando encontrar el modo de volver a mi hogar. Tú deberías volver al tuyo.

         Marcellin soltó al animal, que huyó escabulléndose entre los surcos. No podía ser. Los ratones de campo no hablan aunque el radio les haya dejado calvos. ¿Un ser de otro planeta? Sin duda su mente le estaba jugando una mala pasada. Quizá ir al laboratorio no había sido una buena idea, después de todo, estaba demasiado cansado.

         Cuando regresó a casa tras su breve excursión, encontró a Camille donde la había dejado: a los pies de la cama de su madre.

                   —¿Cómo sigue?

                   —Mal, padre. No ha dejado de preguntar por ti un solo minuto.

         Marcellin se colocó en la cabecera de la cama, para que Sophie pudiera oírle y para que sintiera su presencia.

                   —Cariño, estoy aquí. Estate tranquila que no me volveré a ir de tu lado.

                   —Fuiste al laboratorio.

                   —Necesitaba…

                   —Lo sé, yo también lo necesito.

                   —Iremos juntos en cuanto te recuperes.

         Marcellin acarició el rostro cansado de su esposa, que se esforzó por regalarle una última sonrisa antes de exhalar su último aliento.

         Camille dejó a su padre unos minutos junto a su madre. Ella también estaba rota de dolor. Sin embargo ahora le tocaba a ella tomar las decisiones.

                   —Padre, debe usted descansar.

                   —No quiero separarme de ella, hija.

                   —Échate solo unos minutos, te vendrá bien.

         Lo acompañó al salón, donde el anciano se recostó en el diván, totalmente exhausto.

         A la noche, el marido de Camille recibió un telegrama: "Todo ha terminado después de cuatro horas para mamá y también para papá. Se fue a dormir al canapé del salón y tras un cuarto de hora sin conocimiento se apagó"

                   **********************************************



 

         Marcellin Berthelot fue inhumado en el Panteón de Paris  en 1907 junto a su esposa para no separarlos. El Ministro de la Instrucción Pública Aristide Briand destacó de Sophie que fue "una mujer dulce, amable y cultivada". Sophie se convirtió así en la primera mujer enterrada en el Panteón, aunque no por méritos propios sino por sus "virtudes conyugales"

 

FUENTES CONSULTADAS:

Wikipedia

Grupo Heurema. Educación secundaria, enseñanza de la Física y la Química, sección: personajes olvidados de la Física y la Química.

Los secretos de familia del Panteón.

Y otras mil páginas web más.


Este relato está enmarcado en el reto de escritura #Origireto2020 organizado por Kat y Stiby. Podeis consultar las bases y apuntaros en sus blogs clickando aquí  o aquí


DICIEMBRE:
Objetivo 5: Escribe un relato basado en un dato o avance científico.
Cuentos y leyendas G: Alí Babá y los cuarenta ladrones.
Criaturas del camino VIII: alienígena
Objetos ocultos:16: un flamenco y 23: magia.
Además: milpalabrista ( 1689 palabras),  rosa insolente por protagonista femenina . Sororidad por pasar el test de Bechdel en la primera parte del primer diálogo. Giratiempo por publicar antes del dia 10 y además me apunto un minipunto por haber escrito un relato biográfico historico rescatando del olvido un personaje importante para la historia científica.
Con este relato cierro mi participación en  el Origireto2020, salvo imprevistos posibles relatos de mi objetivo personal. Ya veremos.

Gracias por leer hasta aquí.

Déjame tu comentario a continuación, solo con tus críticas puedo mejorar.

domingo, 15 de noviembre de 2020

ESPEJO DEFORMADO

 

ESPEJO DEFORMADO

         Por casualidades de la vida y de twiter, cayó en mis manos “Espejo Deformado”, de Luis M. Núñez (@LordAlce). Según el autor, que tiene casi una docena de libros publicados, es una historia de terror psicológico, pero aquí no estamos para parafrasear a nadie, sino para opinar sobre esta lectura.

         Lo primero que tengo que decir que se trata de un libro que se sale de la zona de confort del autor puesto que si miras el resto de sus títulos, sus criaturas viven en el mundo de la fantasía y de la ciencia ficción. Sin embargo esta obra se instala en la más corriente realidad de nuestra época.



         Este libro cuenta la historia de cómo Beatriz Hernández está trabajando en su tesis doctoral, sobre un libro que narra la biografía de un tipo de hace más de tres siglos. El trabajo extenuante en esta tesis y su propia fragilidad mental hacen que en la historia se entremezclen la realidad común y la realidad particular que hay en la mente de la prota.

         Tengo que reconocer que al principio el libro se me hizo un poco lento, debido sobre todo al uso de demasiadas frases subordinadas, que restaban dinamismo. Pero la historia se planteaba jugosa y mi curiosidad me hizo seguir adelante. Beatriz Hernández, la protagonista, empieza a obsesionarse con Hernán Gonzalvo, el objeto de su tesis, y yo empecé a pensar que eran familia, pero eso es algo que solo podrás descubrir leyendo el libro.

         ¿Así es como escribes una reseña? Vamos ¡Céntrate!

         Empecemos por la estructura de la obra, porque creo que es parte esencial de la historia. El libro se organiza en tres bloques claramente diferenciados.

         Un primer bloque que corresponde al clásico planteamiento, donde Luis nos presenta a los protagonistas de la historia y también el origen de la trama. Es un bloque de lectura relajada, con descripciones claras que te meten en la historia poco a poco. A base de pequeños detalles te va sembrando un montón de dudas que esperas que se resuelvan más adelante, al más puro estilo de seguir las miguitas de pan de Hansel y Grettel. Sin embargo, en la segunda parte, cuando esperas que ocurra algo interesante con todos esos datos acerca de Bea, su novio, su amiga, su directora de tesis, su hermana…la narración se rompe y cambia totalmente de registro para fluir en un tono épico muy apropiado. Aquí te presenta al verdadero co-protagonista de la historia. Te cuenta todos los detalles que supuestamente Beatriz ha estudiado en profundidad para llevar a cabo su tesis: la historia de Hernán Gonzalvo, un pícaro del siglo XVIII al que la vida ha puesto a prueba una y otra vez del modo más cruel, convirtiéndole en una especie de héroe al que llegas a amar y odiar a partes iguales. Las escenas más espeluznantes del libro las encontrarás en esta parte y te aseguro que alguna de ellas hasta te revolverá las tripas, no tanto por su atrocidad como por su veracidad. Sin embargo toda esta vuelta al pasado no te hace perder el hilo de la trama principal, que vuelve con fuerza en la tercera parte. Aquí las frases son más cortas y más afiladas, ofreciendo una lectura trepidante, como correspondería a una novela de detectives. Esto es porque, de algún modo, todos los personajes entran en un bucle de búsqueda incesante: Beatriz busca respuesta mientras su novio, su amiga y su hermana la buscan a ella.

         Todo esto conformaría una historia relativamente simple ¿no?  Pues no, porque sino no estaría yo aquí opinando y contando como disfruté de esta apasionante lectura.



         Lo que hace diferente a este libro es un tercer protagonista que hace su aparición en forma de sombras tenebrosas que acompañan a los personajes en los dos tiempos en los que transcurre la historia, unificándola y dotándola de un aire de irrealidad que te lleva a meterte dentro de la mente enferma de Beatriz. La acompañarás en un viaje confuso hacia un desenlace que solo es real en su cabeza y que hará preguntarte dónde está el límite de la cordura y cuál es el umbral de la fragilidad de la mente humana.

         Una lectura totalmente recomendable que te hará pasar un buen rato, conociendo un trocito de una historia real, mezclada con la tensión de la búsqueda y las dudas acerca de los límites de la realidad.

domingo, 8 de noviembre de 2020

VENENO

 VENENO

         Yo no tenía ni idea de historia ni de política, salvo lo que oía por la radio algunas veces. En los últimos días estaba más pendiente de la prensa que en toda mi vida, debía asegurarme de que todo iba bien. Necesitaba poder continuar después de haber salido del infierno que había sido mi matrimonio. No podía creer que ahora, precisamente ahora, aprobaran una ley de divorcio. ¡A buenas horas!

         Tras aquello regresé a la casa de mis abuelos. Llevaba cerrada muchos años, pero era mía y de mis hermanos. Allí estaría a salvo. Había llegado esa misma mañana y tras pasar por el arco de piedra de la fachada, que había visto tiempos mejores,  estaba recorriéndola, intentando rescatar algo de cordura de los recuerdos que guardaba de ella. En el cuarto de mi abuela encontré sábanas viejas y con olor a cerrado, pero limpias. Utilizaría su cama esa noche. Al sacar las sábanas del cajón un pequeño sobre cayó a mis pies. Era una carta. Pensé que sería importante, si mi abuela la había guardado.

 



 

                                               “        Limoux, a 15 de octubre de 1939

Querida Encarna,

 

espero que al recibo de ésta te encuentres bien de salud y que tú y tu familia estéis todos bien.

         No me he atrevido a escribirte hasta hoy porque no quería ponerte en un aprieto, pero creo que ahora es seguro enviarte esta misiva. Solo quería agradecerte todo lo que has hecho siempre por mí, desde que éramos niñas en el colegio María Inmaculada, cuando Sor Gracia nos hacía recitar las tablas de multiplicar. Sé que aunque yo fui la que huyó de España, la vida tampoco debe haber sido fácil para ti durante este tiempo.

         Yo ahora vivo tranquila en Limoux. Sé que no volveré a mi tierra nunca más, pero no me siento triste por ello. He encontrado un poco de paz finalmente.

         ¿Recuerdas aquel invierno de 1931? Era emocionante vivir en Santander. Todo estaba cambiando y parecía que mi vida se iba a poder arreglar por fin, pero aquello solo fue un respiro. Aunque lo suficientemente grande como para ayudarme a tomar la decisión que me salvó la vida. Te escribo esta carta para agradecerte ahora lo que no te pude agradecer entonces. Sé que amabas a tu hermano y que te dolió todo lo que te dije, pero también sé que tú ya sabías que yo no lo quería. Sin embargo la vida era así, ¿verdad? Sabes que tuve que casar con él por empeño de mi padre, que vio en Julián un buen partido. Por aquel entonces la naviera de tu familia iba viento en popa, y Julián no estaba dispuesto a sentar la cabeza. Ahora entiendo que tu padre también estuviera de acuerdo en la idea de que debía casar conmigo. Yo era tan cándida entonces… Tu padre pensó que casando conmigo, con la recatada, responsable y hacendosa Isabel, Julián sentaría la cabeza, pero nunca nos preguntó si estábamos de acuerdo. Tú sabes todo lo que lloré. Tú eras la única persona con la que podía hablar de todas las cosas y recuerdo como me consolabas mientras veía como mi vida se iba a convertir en un infierno. Si no hubiera sido por tu apoyo, me habría vuelto loca. Pero por suerte para mi estuviste a mi lado para ayudarme en mi nueva vida.

         Tu hermano era un díscolo que dilapidaba el dinero de tu familia sin piedad, y aunque mientras estuve casada con él nunca me faltó de nada, sabes que no fui feliz. También sabes que para él yo no era nadie, ni siquiera llegué a ser su mujer, porque su vida estaba muy lejos de aquella casa que yo me empeñaba en que fuera un hogar, ya sabes que siempre fui abnegada. ¡Ay! ¡Encarna, cuanto me arrepiento de no haber abierto los ojos antes! ¡Y cuanto te agradezco que me ayudaras a abrirlos! Siempre fuiste mi ángel de la guarda.

         Recuerdo cuando me hablaste por primera vez de aquella señora: Clara Campoamor. Yo no tenía ni idea de política ni de leyes y todo lo que me decías me sonaba a chino. Pero debía ser importante, porque tú estabas exultante cuando me hablabas de ella. Entendí que lo que aquella mujer estaba haciendo pretendía mejorar nuestras vidas, las de las mujeres, pero no creía que pudiera ser posible. Siento tanto que ahora hayáis perdido todo aquello. Lo siento de verdad. Sabes que yo nunca llegué a votar, no hubiera sabido cómo hacerlo, pero me encantaba ver tu felicidad porque tus sueños incluían ese tipo de cosas. Yo me limitaba a ser feliz con tu felicidad, porque tú eras mi mundo entero.

         No me atreví a confesártelo entonces, porque al casar con tu hermano toda esperanza se desvanecía, pero sabes que era lo que tenía que hacer.

         Recuerdo como aquel mismo invierno me viniste un día hablando de un tal Álvaro de Albornoz. Yo no sabía quién era ese señor, pero tú estabas segura de que aquello sí que cambiaría nuestra vida, más que lo otro eso del sufragio. Según me contaste había propuesto una ley de divorcio que haría  que pudiera separarme de tu hermano, pero yo tenía miedo. ¿Te acuerdas? Tu hermano había salido a la mar dos años antes, y nunca más regresó. Tu padre estaba indignado porque había perdido a su hijo, pero creo que le dolió más la pérdida de su mejor barco. A veces venía a visitarme porque decía que mi casa seguía siendo la casa de su hijo. Eso era verdad, yo no podía negarlo. Siempre me trató bien tu padre, me apreciaba mucho aunque no hubiera conseguido que Julián formase una familia conmigo. Ahora puedo confesártelo: nuestro matrimonio nunca se consumó. Para mí era un esfuerzo inhumano tener que meterme con él en la cama todas las noches, pero por suerte para mí, yo nunca le interesé lo más mínimo. Pero no era nada personal Encarna. Nunca me gustaron los hombres, aunque me tratasen tan bien como tu padre. Yo creo que Julián lo sabía, aunque fui muy cuidadosa siempre. ¿Te imaginas que alguien se hubiera enterado de eso? Sin duda habría dado con mis huesos en la cárcel, o algo peor. España siempre fue un lugar de grandes pasiones. Eso sí que lo extraño. Y que una mujer bien educada como yo, no hubiera tenido hijos el primer año de casada empezaba a levantar rumores.

         Pero entonces me hablaste de aquello. La ley del divorcio. ¿Cómo me iba a divorciar yo de tu hermano? Él había desaparecido y no sabíamos si estaba vivo o muerto, pero yo no podía divorciarme. ¿Qué iba a ser de mí? Menos mal que me abriste los ojos Encarna. Recuerdo el 25 de febrero cuando irrumpiste en mi casa. ¡Estabas feliz! No entendía que te alegrase aquella ley: a ti no te aportaba nada. Y en realidad yo no me había planteado esa posibilidad. Era una aberración romper lo que Dios había unido, sin embargo, el hombre, en este caso Julián, ya lo había separado.

         Me llevaste a ver a ese abogado. Yo estaba segura de que tu padre me mataría, si no lo hacía el mío antes cuando se enterase. Pero todo fue muy rápido, al estar Julián desaparecido. Pasé de estar casada y sola a estar divorciada. Nada había cambiado. Cuando volví a mi casa tu padre me estaba esperando. Me entró pánico, pero tú me ayudaste. Nunca podré agradecerte lo suficiente que me ayudaras aquella noche. Entraste conmigo a recoger mis cosas: el ajuar de mi boda y el botijo recuerdo de Mijas que me habías regalado. La casa era de tu padre, así que yo tenía que irme. Nunca me contaste que pasó después. Me llevaste a tu casa y al día siguiente cogí el tren que me trajo a Francia. No creo que tu padre fuera benévolo contigo, después de ayudarme. Era muy severo el señor don Gerardo. Cuando recuerdo su rostro aquella noche aún se me saltan las lágrimas del miedo que me da.

         Sin embargo ahora soy libre, y te lo debo a ti. Y no volveré a Santander, aunque la guerra haya terminado. Ya sé que han derogado la ley, ahora sé todas esas cosas. Sé que todos los divorcios de aquellos años son nulos, pero leí en la prensa que habían dado por fin por muertos  a los tripulantes del “Covadonga”. Ahora no soy casada ni divorciada, porque soy viuda. O sea, lo sería si volviera a España, pero no puedo volver.

         Te envío mis mejores deseos para la extraña paz que parece que se está forjando en mi tierra, pero esa paz no es para mí.

         Tu amiga que te quiere,

                                      Isabel. “

 



         Doblé la carta y volví a meterla en su amarillento sobre. ¡Qué poco había cambiado la vida! Mi Eusebio se parecía tanto al Julián de la carta de mi abuela que parecía mentira , pero mi Eusebio no era marinero ni había desaparecido, sino que dilapidaba nuestro dinero entre bares y lupanares. Luego llegaba a casa y pagaba sus frustraciones conmigo. Yo estaba atrapada en ese infierno.

         Ahora  la radio no paraba de desgañitarse en contra y a favor de la norma que Francisco Fernández Ordoñez acababa de sacar adelante. Las mujeres volvíamos a ser libres de divorciarnos si así lo queríamos.Al volver a aquella casa me sentía un poco como un ratón de aquellos que iban detrás del sonido de la flauta en el clásico cuento. Sin embargo aquella ley llegaba demasiado tarde para mí. Isabel se había quedado viuda por decisión de la ley. En ese sentido yo era más libre que ella: yo había elegido ser viuda.



 Este relato está enmarcado en el reto de escritura #Origireto2020 organizado por Kat y Stiby. Podeis consultar las bases y apuntaros en sus blogs clickando aquí  o aquí


NOVIEMBRE:
Objetivo 11: Infórmate bien sobre un suceso revolucionario feminista y basa tu relato en ello. ( La ley del divorcio de febrero de 1932, que fue derogada en 1939 y volvió a la palestra, reformada en 1981)
Cuentos y leyendas J: el flautista de Hamelín.
Criaturas del camino VI: Ángel.
Objetos ocultos:24: arco y 20: botijo.
Además: milpalabrista ( 1612 palabras),  rosa insolente por protagonista femenina .No estoy segura de si el genero epistolar cuenta para  para sororidad, Triada por personajes LGTBI, Inconformista por la crítica social implícita y me apunto uno para giratiempo por publicar antes del día 10. Espero no dejarme nada.

Gracias por leer hasta aquí.

Déjame tu comentario a continuación, solo con tus críticas puedo mejorar.

domingo, 25 de octubre de 2020

DIMENSIÓN DE PLÁSTICO

Antes de leer este relato te sugiero que leas La Fuga, pues es una continuación de aquella historia.

DIMENSIÓN DE PLÁSTICO

 

                   —¡Que me envíe el dichoso recibo, digo!

         El operador al otro lado del teléfono intentaba hacerle entender que podía acceder a los recibos a través de la web, pero Mauricio estaba que echaba humo.

                   —¡No me interesa ver el recibo en la web! ¡No puedo ver la web! ¡No me funciona internet! Así que no voy a pagar ningún recibo mientras no me lo arreglen.

         Elena estaba más que acostumbrada a los gritos constantes, pero lo de aquella tarde era demasiado. Al parecer todo el mundo tenía la culpa de que internet no funcionara y llevaba haciendo llamadas casi tres horas seguidas.

                   —¡Le repito que me da igual su filosofía empresarial! ¡A mí me tienen que enviar los recibos a mi buzón! ¡A mi buzón! ¿Me oye? ¡Metido en un sobre, como toda la vida!

                   —Mauricio… Eso ya no lo hace ninguna empresa, cielo. Deberías tranquilizarte. Te acabará por dar un infarto.

         En realidad Elena estaba segura de que gritar por teléfono era lo que más le gustaba a su marido, así que había hecho que instalasen un terminal en la biblioteca, así Mauricio podía gritar todo lo que quisiera sin molestarla.

         Por si aquello fallaba, como estaba fallando en ese momento, la mujer había ido más allá. Como Mauricio era un cabezota obsesivo le había regalado una impresora 3D, pero por piezas, convencida de que eso le mantendría tranquilo y ocupado un montón de tiempo, según le había contado Miguel el comercial.  La idea se la había dado su querida vecina Griselda: “Tú lo que tienes que hacer es llamar al técnico y que te explique cómo funciona la aerotermia. Toma el número. Hazme caso, llámale y luego me cuentas.” Y así lo había hecho, casi.

         Elena había llamado a Martín, el técnico buenorro, quien muy amablemente le había facilitado el teléfono de Miguel, el comercial. Elena decidió que  su plan fuera marear a Mauricio con el tema de la aerotermia. Calculaba que, con lo obsesivo que era, eso le tendría ocupado un par de meses. Sin embargo cuando llegó su marido no estaba en casa, así que tuvo que escuchar ella todas las magníficas explicaciones que el experto le daba, intentando retener en su cabeza alguno de los datos que Miguel le estaba proporcionando, para poder enredar a Mauricio.

         En mitad de aquel galimatías tecnológico se dio cuenta de que ya tenía suficiente información inútil y cambió de estrategia. Tras dedicar una mirada más al tal Miguel decidió atacar directamente.

                   —Mira Miguel, te agradezco todas tus explicaciones pero no me estoy enterando de nada.—dijo mientras se levantaba del sillón y se sentaba más cerca del joven— en realidad lo que yo necesito es algo para entretener a mi esposo, que se pasa la vida gritando y me tiene loca.

         Por suerte al técnico le hizo gracia la cosa y a su vez, decidió que podía tomarse unos momentos de relax con aquella señora tan maja y tan sincera.

                   —De acuerdo Elena. Tengo una idea, pero necesito que me digas que me das a cambio.—dijo poniéndole ojitos.

                   —Primero tendrás que convencerme de que es una idea muy buena.

         Se sorprendió a  sí misma respondiendo en tono meloso. Elena no se lo podía creer: el comercial buenorro le estaba dando cancha. Pero contra lo que a ella le estaba pareciendo, Miguel se acomodó en el asiento y empezó a hablar como un sacamuelas.

                   —Deberías regalarle una impresora 3D. Es un juguete moderno con el que podrá jugar a las construcciones pero sintiéndose como si fuera un científico o un inventor.



         Miguel hablaba con entusiasmo. Le contó que él mismo tenía una y que había una asociación de makers que se reunían y hacían proyectos juntos. Lo mejor era que eso tenía pinta de ocupar muuuucho tiempo. Justo lo que ella necesitaba. Apartó del todo su idea de echar una canita al aire con aquel chaval y le compró su propuesta de la impresora. Al parecer, Miguel estaba tan contento con el tema que se le olvidó pedir el precio que había insinuado al principio.

         Unos cuantos días después un mensajero trajo un porrón de cajas y Elena pudo comprobar, una vez más, que era una genia: Mauricio se había prendado de la maquinita al momento y le dedicaba un montón de tiempo. Quedaba con sus amigos de la asociación y se pasaba la vida imprimiendo figuritas cada vez más elaboradas. Así que en su casa volvía a haber silencio, y también un montón de muñecos de plástico por todas partes. Por fin pudo dedicarle al yoga el tiempo que ella quería. Y la última ballena de plástico que le había regalado era graciosa así que la cosa iba bien.

         Pero entonces pasó lo más terrible del mundo, según Mauricio: internet había dejado de funcionar, y eso frustraba los planes del hombre de chatear con sus socios sobre sus últimos logros con la maquinita. Por desgracia eso trajo un torrente de nuevos gritos y bufidos. Elena no podía más, así que cogió un té y se bajó a casa de Griselda. En casa de su amiga siempre pasaban cosas divertidas.

                   —Hola, ¿algún día me dejarás que te invite yo a un té o piensas traerlo siempre de tu casa?

                   —No me hables, que Mauricio ya estaba echando de menos gritar por teléfono y lleva un día…

                   —Ya le he oído. Internet ¿no?

                   —¿Tan fuerte grita?

         Griselda se sentó a su lado.

                   —Demasiado fuerte. Yo también estoy harta de oírle.

         Las dos mujeres se dedicaron una mirada de comprensión antes de sentarse a tomar el té en el sofá.

                   —Lo siento. La verdad es que la impresora estaba entreteniéndole mucho, pero al fastidiarse internet ha vuelto a explotar.

                   —No te preocupes, cualquier día le acabará dando un soponcio por ponerse como se pone. Tú no tienes la culpa.

         A Elena había algo que la estaba sonando muy raro. Había algo en la mirada de su amiga que la estaba poniendo nerviosa ¿Qué ocultaba Griselda? Miró al techo, donde unas semanas antes había una mancha de humedad que las había llevado a la dimensión extraña, pero la mancha no estaba.

                   —¿Al final concluiste que fue lo que pasó con nuestro “viaje” a la dimensión desconocida?

                   —Ni idea, Elena. No ha vuelto a pasar nada.

                   —Fue divertido.

                   —Fue terrible. Pero no te preocupes que no va a volver a pasar. Ven, tengo algo que enseñarte.

         Elena la siguió, entre curiosa y mosqueada. Había algo que no terminaba de gustarle, pero no sabía qué. Su amiga estaba como siempre, pero había algo diferente que no era capaz de identificar, algo que no la gustaba nada y que solo lo advertía por una extraña intuición.

                   —Elena ¿ves la gotera que tengo en el techo?

         Miró a donde Griselda señalaba, y en efecto, una enorme mancha coronaba la mitad del techo del dormitorio.

                   —¡Venga ya! ¡Ninguna tubería pasa por ahí! Pero bueno, de todos modos no te preocupes que pediré a Mauricio que llame al seguro. Con lo que grita por teléfono, antes del lunes lo tienes arreglado.

         Griselda sonreía maliciosamente cuando Elena volvió a mirarla. Era una sonrisa realmente aterradora.

                   —No necesito que llames a ningún seguro, querida. Vas a venir conmigo a la otra dimensión a arreglarla, como la otra vez.

                   —¿En serio crees que hay otra dimensión? ¿La dimensión de las goteras?

         Definitivamente su vecina se había vuelto majara. Además, la otra vez la mancha del techo las había absorbido sin más ¿Cómo se suponía que iban a volver a ir a ese lugar?

                   —No te preocupes, Elena. La dimensión Orofí es mi segundo hogar.

         Diciendo esto agarró a su amiga y la hizo sentarse en la cama, sentándose a su lado. Elena se estaba asustando de verdad. Griselda se había vuelto tarumba del todo.. Ni siquiera estaba segura de lo que había ocurrido la otra vez, pero recordaba que Griselda estaba muerta de miedo todo el tiempo que pasaron en el otro lado.

                   —¿Dimensión Orofí?

         Un haz de luz salió de la mancha, como la otra vez. En tres segundos ambas habían pasado por el remolino iridiscente y habían llegado al extraño desván, que seguía tan vacío como la otra vez. La misma fuente presidía la sala, y aquel fluido pestilente seguía manando de ella. Elena buscó el extintor con la mirada: si estaban allí de nuevo, podían volver como la otra vez. Pero esta vez no había extintor, así que se giró para mirar a su amiga a la cara.

         Lo que vio la dejó sin habla.

         La piel de la cara de Griselda colgaba en jirones de su calavera de un blanco insultante. A Elena le recorrió un escalofrío,  y algo dentro de su estómago protestó en forma de náusea.

                   —Griselda…—logró decir en un susurro, mientras daba pequeños pasos hacia atrás.

                   —Tranquila Elena, soy yo. Hoy no hay extintor, porque el conjuro está completo. La fuente que fue rosada volvió a ser gris y el brillo del silencio lo cubre todo. No hace falta que regresemos, aquí seremos felices, mientras llega la fundadora…

                   —¿Qué fundadora? ¿La fundadora de qué? Me estás asustando.

         Asustando era un eufemismo, Elena estaba realmente muerta de miedo.

                   —La Gran Diosa Gamba Sagrada Cósmica Intergaláctica.

         Los ojos de Griselda no eran humanos. Su voz no era humana tampoco. Algo muy retorcido estaba ocurriendo y el miedo de Elena estaba atenazando su cerebro y no la dejaba pensar con claridad. Lo único que sabía a ciencia cierta era que Griselda estaba loca y que tenía que salir de allí como fuera. Siguió alejándose de ella mientras buscaba con la mirada cualquier cosa que pudiera servirle para escapar, pero el vacío más absoluto lo cubría todo. Griselda se estaba acercando cada vez más…Sabía que la iba a matar ¿la iba a matar? No podía creerlo pero tenía toda la pinta, había visto suficientes películas para saber que eso era lo que ocurriría.

         Siguió reculando, pero trastabilló y cayó al suelo. Algo dentro de su bolsillo trasero la hizo daño en el ídem. “¿Qué es esto?”, pensó mientras echaba la mano a la dolorida nalga. Una pequeña ballena de plástico azul era lo que se le había clavado al caer. “Puta ballena del idiota de Mauricio”, mientras esta frase se construía en su pensamiento, una idea se le cruzó por delante como un rayo.

.


         Blandió la pequeña ballena ante los ojos muertos de su amiga. ¿Qué esperaba que pasara? Griselda no era un vampiro y aquel muñeco no era una estaca. No pasó nada, por supuesto. ¿O sí?

         La mirada muerta de Griselda se clavó en la figurita que Elena sostenía, cuando estuvo lo bastante cerca como para distinguir lo que era.

                   —Así que estás de parte de la Maliciosa Ballena Azul Interdimensional…

         No entendía nada, pero tenía que seguirle el rollo al espectro que tenía delante.

                   —Mauriciosa Ballena Azul te maldice ahora y me sacará de esta dimensión sin un rasguño. ¡Póstrate ante ella!

         No se lo podía creer, pero en los ojos de Griselda vio estupor, justo antes de que un resplandor azul emanara de la pequeña figura y bañara con su luz todo el desván. La fuente empezó a manar una espuma también azul, que rápidamente lo cubrió todo con un siseo. El suelo se resquebrajó y cayó con estrépito sobre la cama de su amiga.

         La extraña voz de la que fue su amiga le llegaba lejana, pero no esperó a oírla con más claridad. Se incorporó y salió corriendo todo lo deprisa que sus aterradas piernas le permitieron. Al llegar a la puerta la voz era más alta y más clara. Además estaba más enfurecida. Abrió y subió corriendo las escaleras. Justo en ese momento Mauricio salía de casa. Le empujó en su carrera y cerró la puerta tras ella. El hombre se asustó al ver a Elena en semejante estado de pánico.

                   —¿Qué te pasa Elena?

         Intento abrazarla y acompañarla dentro, pero ella le llevó hacia la biblioteca, donde estaba la impresora. Al llegar vio un resplandor en el carrete de PLA. Estaba a salvo.


Este relato está enmarcado en el reto de escritura #Origireto2020 organizado por Kat y Stiby. Podeis consultar las bases y apuntaros en sus blogs clickando aquí  o aquí

OBJETIVO PERSONAL:
 El objetivo personal que me propuse a principios de año era el de escribir seis relatos extra, enlazando relatos del origireto2019 y escondiendo en cada uno 2 objetos del origireto2020

Este relato es el segundo de los seis ( no sé si llegaré a seis, la verdad).
Está enlazado con La Fuga, relato de Abril del Origireto2019.
He elegido este relato porque se quedó todo muy benévolo y tenía ganas de darle un giro hacia el terror. No sé si lo habré logrado.

Objetos ocultos: 4: ballena  y 15: una gamba.

Además: milpalabrista (2008 palabras), 

Gracias por leer hasta aquí.

Déjame tu comentario para saber si este relato te ha gustado o no. Prometo contestar.