lunes, 21 de septiembre de 2020

EL FARO

 

EL FARO

         Volvía de nuevo. Como todas las noches. No podía evitarlo. Había algo en aquel faro que la atraía como un imán. No sabía lo que era, pero día tras día acudía a su cita con aquel edificio que, aunque seguía funcionando, había perdido su razón de ser. Su madre le había contado mil historias que su abuela a su vez le había contado a ella. Historias que hablaban de un abuelo que murió joven en aquellos acantilados que ahora tiraban de su ser hacía sus bordes.

         Hacía al menos cien años que el océano había retrocedido debido al movimiento de las placas tectónicas, auspiciado por los terremotos submarinos que cambiaron el rostro del planeta por causa de la guerra nuclear. Así que el faro de Bernardette se encontraba a más de treinta kilómetros de la costa más cercana. Aún así, su luz seguía iluminando absurdamente el paisaje noche tras noche. Y noche tras noche Carmen recorría el sendero que llevaba a la atalaya, aunque con la llegada del alba nunca era capaz de explicar qué había ido a hacer allí.

         Aquel día decidió levantarse temprano y acudir al faro por la mañana. Necesitaba encontrar la razón por la que el faro de Bernardette le atraía de aquel modo tan extraño. Y necesitaba verlo claro y a la luz del día, puesto que a menudo los recuerdos de las noches en que lo visitaba se volvían vagas nebulosas en su cerebro.



         Caminaba nerviosa, esperando encontrar las causas de su inquietud frente a sus ojos, pero según se acercaba a la edificación un rumor de olas llegó a sus oídos. No podía ser. El mar quedaba demasiado lejos de allí. Miró hacia arriba: la luz del faro estaba encendida a pesar de ser de día. Eso indicaba que nadie se estaba ocupando de su funcionamiento. De hecho en el pueblo se decía que aquel faro estaba maldito, y que su luz era la luz del mismo diablo. Sin embargo Carmen sintió como el rumor de las olas le tranquilizaba mientras se acercaba cada vez más. Se paró por un momento en el camino. Un impulso inexplicable le llevó a salirse de la senda para caminar campo a través por el pedregoso terreno plagado de irregularidades. Debía tener cuidado para no tropezar o dar una mala pisada, estaba demasiado lejos del pueblo y casi nadie solía pasear por allí, hasta donde ella sabía. Si se caía podría tardar días en recibir ayuda.

         Sin embargo su curiosidad crecía con cada paso. El rumor de las inexistentes olas parecía traerle unas voces casi inaudibles que dirigían sus pasos hacia un lateral del imponente faro. De día la edificación causaba verdadero respeto: era mucho más grande de lo que parecía por la noche. Entonces lo vio: bajando por una especie de escaleras naturales talladas en la propia roca, aparecía un nuevo camino. Carmen sin dudarlo lo bajó, extremando el cuidado, pero sin ningún miedo. Sentía como si de verdad allí fuera a encontrar el destino último de su vida. Como si su última meta estuviera allí, esperándola. Con cada paso que daba descendiendo por aquella escalera retorcida al pie del faro, sentía como las voces subían de volumen en su cabeza. Cada vez eran más intensas y nítidas. Cuando alcanzó a entender lo que decían la sangre se le heló en las venas. No podía ser. Aquellas voces la llamaban directamente a ella. Aquellas voces la estaban llamando. Dentro de su corazón sabía que aquella palabra solo se podía dirigir a su persona… y sin embargo, no podía ser. Aquellas voces infantiles llamaban claramente a su mamá.

         Siguió bajando la interminable escalera hasta el fondo de lo que hace años fuera un imponente acantilado. Al llegar abajo un pequeño muro delimitaba un semicírculo contra la pared rocosa: estaba atrapada. Para salir de allí solamente podía subir por donde había bajado. Sin embargo las voces eran más claras e intensas allí. Parecían venir de la propia pared. Miro con detenimiento cada grieta y cada saliente, sin encontrar nada. Pasó la mano por la roca, y una fina capa de polvo empezó a caer a sus pies, como si el tiempo hubiera cubierto con aquella pátina una antigua puerta de madera raída. Las voces se intensificaron. La urgencia de sus llamadas a mamá se agudizó. Allí había atrapados varios niños, estaba claro. Su corazón latía a un ritmo frenético mientras frotaba la roca con las manos intentando descubrir por completo la puerta, buscando la forma de abrirla para liberar a sus hijos. A esos hijos que nunca había tenido pero que la estaban llamando a ella, porque estaba segura de que era a ella a quien llamaban en su desesperación.

         La vieja puerta se fue descubriendo hasta quedar por completo expuesta. No vio más que un pomo oxidado y el ojo de una cerradura antigua.

                   —No os preocupéis pequeños, mamá está aquí ¿Si? Ya he llegado.

         De pronto las voces callaron. Carmen se asustó por primera vez desde que se salió del sendero.

                   —¿Porqué os calláis, niños? Mamá os va a sacar de ahí.

         Sentía que debía darse prisa, que a sus recién encontrados hijos se los estaba acabando el tiempo. Sentía como su instinto maternal le urgía a sacarlos de aquel cautiverio y abrazarles y tranquilizarles como solo una madre puede hacer.

         Manoteó por toda la puerta, intentando encontrar la forma de abrirla. Sus nervios se estaban afilando tanto que en cualquier momento podrían cortar sus entrañas como si fueran un bisturí. Miró hacia arriba pidiéndole ayuda al cielo para poder liberarlos antes de que fuera demasiado tarde, pero eso no la tranquilizó en absoluto, puesto que pudo ver como el haz de luz que proyectaba el faro parpadeaba como si se estuviera fundiendo. Eso no era bueno, nada bueno. Ella lo sabía. Pero eso no fue todo. El rumor de las olas volvía a oírse, cada vez más cercano. Al bajar la mirada vio como el agua estaba a punto de mojarle los pies. De un instintivo salto se subió al primer escalón de la escalera, con la intención de no mojarse. Desde allí siguió buscando la forma de abrir aquella condenada puerta. Las voces volvieron a repetir su llamada: ¡Mamá! ¡Mamá! Su corazón estaba desbordado por la angustia que sentía al saber a su progenie atrapada en aquella cueva, mientras el nivel del mar iba subiendo. Un pequeño cangrejo arrastrado por las olas  salió del agua para atravesar la puerta por el pequeño hueco que dejaba una tabla rota, abajo del todo. 

         Se agachó para intentar mirar por el agujero, que le había pasado desapercibido, pero el ligero romper de las pequeñas olas le mojó la cara y le llenó los ojos de sal. No pudo ver nada y tuvo que erguirse de nuevo, aturdida, enfadada y sintiéndose estúpida por no haberse dado cuenta de que el nivel del agua subía demasiado deprisa. De hecho las incesantes olas tapaban ya la parte inferior de la puerta. Los niños seguían llamándola asustados. Podía sentir como su raciocinio se resquebrajaba mientras la luz del faro parpadeaba como una vieja bombilla al final de su vida. Algo la decía que el faro no debía apagarse, que el faro podía salvar a sus pequeños.

         Sintió un cosquilleo en su tobillo y cuando lo sacudió, una pequeña gamba huyó por debajo de su pantalón.

         Un momento: todo aquello no podía ser. El mar estaba a más de treinta kilómetros. “Venga Carmen, que te estás mojando los pies. ¿No puedes creer lo que ves?” Su cerebro intentó traerla a la realidad en un último intento de salvar su cordura, pero las voces de sus hijos cesaron de pronto. Ella interrumpió su  movimiento: necesitaba oír cualquier ruido que le dijera que los niños estaban bien. De pronto una aguda voz de las que habían estado clamando por su presencia, resonó claramente en su cerebro:

                   —Mamá, enséñanos tu anillo por la cerradura. Si eres tú te abriremos la puerta.

         Su anillo. El anillo de su madre que portaba en su mano desde hacía más de 30 años. El anillo que su madre le había legado mientras le advertía que no debía perderlo porque era su posesión más valiosa. El anillo que según su madre perteneció a su abuelo, al que nunca había conocido. Sin duda aquellos eran hijos suyos, no podía ser de otro modo.

         Sin pensárselo dos veces acercó la mano a la cerradura, con el desasosiego que le producía el no estar segura de si los niños lo reconocerían y le abrirían la puerta. Su corazón necesitaba abrazarlos ya, sus latidos atronaban en su cabeza.

         Con un crujido la puerta se abrió, dando paso a una oscuridad húmeda que la envolvió al instante. Esperaba sentir una especie de calor por la cercanía de sus hijos. Sin embargo, mientras el nivel del agua subía por sus piernas implacable, sintió como un ser velado y húmedo rozaba su cara.

                   —¿Niños? Soy mamá.

         El eco de la cueva le devolvió sus propias palabras, envueltas en un frío gélido que casi podía sentir como laceraba su piel. Las voces de los niños volvieron a escucharse una vez más, al fondo de la cueva. Seguían llamándola. Así que Carmen se adentró en la gruta en pos de ellos. Necesitaba sacarlos de allí. El agua seguía subiendo. Si no salían pronto de allí, se ahogarían. Nunca podría perdonarse no haberlos salvado. No podría seguir viviendo con semejante losa sobre su conciencia. Caminó en la oscuridad hasta llegar a una estancia irregular a la que un haz de luz iluminaba pobremente. La cueva parecía no tener fin. La voz de los niños seguía resonando en sus oídos, arrancando girones de su cordura ante la impotencia de no poder encontrarlos. Miró en derredor esperando encontrar alguna huella, algún signo de que estaban allí. El agua del mar se movía a sus pies. Pequeñas criaturas marinas jugueteaban alrededor suyo. Su mirada se detuvo de nuevo en un cangrejo, segura de que era el mismo que la había descubierto la cueva. Mientras lo miraba vio como crecía y se ponía de pié. Sus tenazas se transformaron en dos gráciles brazos y sus antenas dejaron paso a una cabellera morena que enmarcaba un rostro hermoso.

         Sus cerebro no podía creer lo que estaba viendo. No tenía tiempo para esas fantasías. Tenía que encontrar a los niños y salir de allí cuanto antes.

                   —Soy Metis.

         No podía ser. Aquella aparición fantástica la estaba hablando. La reina de los mares se erguía ante ella.

                   —No soy ninguna reina, solo soy una ninfa del océano.

                   —El océano está a treinta kilómetros por lo menos. No sé que está pasando, pero rescataré a mis niños y me iré. No te molestaré más.

                   —El océano te está mojando los pies ¿no lo ves?

         Algo volvió a crujir en su cerebro. Los engranajes que lo hacían funcionar se estaban desencajando. No podía fiarse de sus sentidos. No podía fiarse de su corazón.                      

                   —Dame la mano, Carmen. Has llegado a tu destino.

         Le dio la mano. Al sentir su piel escamosa supo que sus hijos estaban a salvo. Al sentir la humedad del mar en su cuerpo una paz infinita la invadió. En efecto, su destino estaba allí, al final de la escalera, al fondo de la cueva.

 

 


 

         La luz del faro dejó de parpadear y aquella noche volvió a ser clara y nítida, como siempre. La luz de Carmen alumbraría durante años aquella planicie seca y árida, cuyo antiguo acantilado reclamaba la atención de su próxima víctima. Un viejo anillo rodó desde la puerta del faro hasta quedar en medio del sendero. Seguramente alguien lo encontraría, antes o después.

 

Este relato está enmarcado en el reto de escritura #Origireto2020 organizado por Kat y Stiby. Podeis consultar las bases y apuntaros en sus blogs clickando aquí  o aquí

SEPTIEMBRE:
Objetivo 7: Cuenta una historia marítima o que involucre un faro.
Cuentos y leyendas L: El lobo y los siete cabritillos.
Criaturas del camino V: Hadas (hada del océano y Oceánide)
Objetos ocultos: 15 una gamba y 18 un cangrejo.
Además: milpalabrista ( 1943 palabras), doble dragón por relato de fantasía, rosa insolente por protagonista femenina.

Gracias por leer hasta aquí.

Déjame tu comentario para saber si este relato te ha gustado o no. Prometo contestar.

jueves, 27 de agosto de 2020

EL ROCK DEL VERANO

 Yaaaaa lo se, no me he podido resistir a hacer un rock del verano porque lo cierto es que Georgie Dan está bastante caducado ¿no? Si, y porque el rock me vibra en las venas, que se le va a hacer. Perdonad la cantación, pero los medios técnicos no son lo mío. (Ni la voz, no disimules)


No quiero distraeros con dialéctica, aquí la teneis. Pinchando en el enlace rosa podéis escucharla.


EL ROCK DEL VERANO



EL ROCK DEL VERANO

Voy a comprarme un boligrafo

para seguir la escribición

con las opciones que plantea el origireto

me he inventado esta canción.

 

Elegir un objetivo es complicado tendre que hacer un sorteo

si quiero ganar todos los puntos tengo también que incluir un cuento

y que salgan criaturas como dragones, sirenas y hechiceros

con las manos llenas de arcoiris, de ballenas y flamencos.

 

Por un poco más que los pelos

lo cuelgo y puedo tuitear

así yo no me llevaré el cangrejo

porque Kalen viene detrás.

 

¡Es el origireto un proyecto bestial!

donde nuestro reto es no procrastinar

Es la gamba el gran logro que quiero ganar

tambien el botijo y daga de cristal.

 

En el chat te cortarán la idea guay stiby y Kat

porque hay normas a tutiplen

tendré que recurrir a Brayan mi abogado fiel

y hacer la rebeldía con él.

 

Cuando RJRandom llega y dice que él ha subido relato

Marga, Isa, Kam, Alicia, Shu y Erica también hace rato

Juan se lo ha currado y afirma que también ha subido uno

la que va en cabeza es Stiby que no ha subido ninguno.

 

¿Y ahora yo cual recomiendo?

La mayoría están muy bien

tengo que publicar antes que Kalen

porque el cangrejo es para él.

 

¡Es el Origireto un proyecto bestial!

donde nuestro reto es no procrastinar

Es la Gamba el gran logro que quiero ganar

tambén el botijo y daga de cristal.

 

Kat hace un evento en verano y todos cantamos…Roberto Brasero tiembla

se agarra fuertemente a las isobaras porque viene la tormenta

nos desgañitamos y entonamos como angeles del infierno

la tormena será grande y nos va a arrastrar a todos al averno.

 

Y si publicas el primero

el cohete te llevarás.

Tienes que publicar antes que Kalen

¡Es el cangrejero oficial!

 

¡Es el Origireto un proyecto bestial!

donde nuestro reto es no procrastinar

Es la Gamba el gran logro que quiero ganar

tambén el botijo y daga de cristal.


Aquí os dejo la versión original, que es pistonuda. Espero que el Reno Renardo me perdone por destrozarla:



Este espanto está enmarcado en el reto de escritura #Origireto2020 organizado por Kat y Stiby. Podeis consultar las bases y apuntaros en sus blogs clickando aquí  o aquí



lunes, 10 de agosto de 2020

UN MUNDO PARA EL OLVIDO

 

UN MUNDO PARA EL OLVIDO

     Me he propuesto en esta entrada dar mi opinión acerca de “Un mundo para el olvido”, de Dioni Arroyo, sin destripar la trama para que aquellos que os animéis a zambulliros en esta sorprendente novela no me cojáis manía por estropearos el final.

    Dioni Arroyo es uno de los más destacados autores de género que ha dado Castilla y León  en los últimos años. Desde mi prisma personal destacaría sus obras “Fractura” por su crítica a prácticas productivas destructivas con el medio ambiente y “Fracasamos al soñar”, primera novela de sus Crónicas Cibernéticas en la que trata los dilemas éticos y morales del transhumanismo.

    Aunque si lees el resto de sus obras descubrirás un interesante universo de ciencia ficción que no te dejará indiferente.

    En esta ocasión Dioni, de la mano de Nowevolution  Editorial , nos propone un título en el que ya desde  la portada te invita a sumergirte (y nunca mejor dicho) en una historia de amor a la vida y al entorno, que incluye además un extraño triángulo amoroso en dos fases de la mano de Alex,  el personaje principal, otorgando al tiempo la categoría de ser un personaje más de la trama. ¿Tantas cosas en solo 156 páginas? Pues sí. Un mundo para el olvido es una novela que mezcla un inquietante futuro hipotético donde la raza humana ha sucumbido a su propio egoísmo y estupidez en el planeta en el que habitamos con elementos tan míticos de la ciencia ficción como la colonización de otros mundos, donde, dicho sea de paso, deja en evidencia la naturaleza poco generosa y respetuosa del ser humano, siempre buscando su propio beneficio.


    Nos presenta un mundo arrasado por el calentamiento global  que obliga a buscar alternativas habitables que es  bastante cruel  a nivel humano. El sistema económico domina la producción y explotación de recursos hasta su extinción, minimizando hasta casi su desaparición la moral, la ética y el respeto por el medio ambiente. Narrado desde un punto de vista un tanto autobiográfico y crítico pero dejando abierta una ventana a la esperanza.

    En esta novela trata las relaciones interpersonales como una obligación vigilable  y controlable por el poder, al más puro estilo de Aldous Huxley en su “Un mundo feliz” o de Orwell en “1984”. Unas relaciones humanas marcadas por su convivencia con una forma vegetal que es la verdadera protagonista de la historia, y que expone desde las primeras páginas como la presencia humana en el planeta Algae no será beneficiosa ni para el planeta ni para los humanos. Dioni nos explica en esta novela la naturaleza frágil de nuestros cuerpos y nuestras conciencias poniéndonos como evidencia al protagonista, Alex, y como los agentes externos, en este caso una clase de algas, pueden desencadenar historias insólitas y verdaderamente preocupantes. Nos cuenta como la maldad y la avaricia humanas no tienen límites en algunas personas pero también como hay otras que aún tienen sentido de lo que es correcto y que intentan marcarse un objetivo vital donde el amor pueda ganar la partida. Todo ello salpicado por enormes avances tecnológicos que nos hacen replantearnos la vida tal y como la conocemos y  nos generan la duda de hasta donde se ha llegado ya con la investigación y la experimentación en el ámbito neuronal.

    Una novela que recomiendo leer, ya que se lee en dos ratos porque la historia fluye como un río de principio a fin, y aunque el final queda para mi gusto un poco atropellado, te lleva hasta las últimas páginas manteniendo la duda de si Alex tomará la decisión correcta con su vida. Y una vez tomada te hace pensar si realmente esa era la mejor opción.

viernes, 31 de julio de 2020

PECADO

        PECADO          

                    —Amén.

                   —Amén.

         Recitamos todos al unísono. Para mí solo eran palabras huecas, pero mi hermana estaba segura de que iría al infierno si no cumplía con todos los preceptos de la Santa Madre Iglesia. Siempre tan preciosa, con su larguísima melena recogida en una recatada trenza que se enroscaba formando un moño monumental y sin embargo, siempre asustada de la vida.

         Cuando la conocí era una preciosa niña de siete años, con vestido de callos, calcetines y dos coletas rubias con enormes lazos. Tenía la dulce mirada de la inocencia y una piel blanca como la leche. Su madre la traía de la mano cuando llegó a la estación a recogerme. Por aquel entonces yo tenía el aspecto de un mozalbete de doce años, alto, flaco, desgarbado y con unos pantalones demasiado cortos para mi estatura. Gothel me miró de arriba abajo apretando los labios mientras sujetaba con fuerza la mano de Raquel, que la miraba con miedo a quejarse, seguramente temiendo una reprimenda si abría la boca.

                   —Vamos.

         Esa fue la única palabra que dijo aquella mujer a la que nunca conseguí llamar mamá. Estuvimos caminado durante más de media hora hasta llegar a un pequeño piso del centro de Madrid. Gothel abrió y volvió a hablar.

                   —Límpiate bien los pies en el felpudo antes de entrar.

         La mirada que me dedicó era fría como el hielo. Miré a mi nueva hermana buscando algo de complicidad, pero ella ya había pasado y se había metido en una de las habitaciones. Gothel me mostró donde estaban el baño y al cocina. Después abrió la puerta de un diminuto cuarto que por todo mobiliario tenía un jergón, un pequeño armario y un reclinatorio. Nunca había visto uno de esos en una casa.


                   —Cenamos a las ocho y media. Aséate antes de ir a la mesa. Puedes deshacer tu…—miró con desprecio mi pequeña mochila—equipaje, y descansar un poco del viaje. Aprovecha para agradecerle a Dios haberte permitido realizarlo sin contratiempos.

         Así de fría y distante se mostraba siempre aquella bruja conmigo. Se dirigía a mi siempre por mi nombre: Alex. A la pequeña la llamaba “cariño”, masticando la palabra, que de sus labios sonaba como una maldición.

         Las normas en aquella casa eran de una rigidez castrense: se bendecía la mesa antes de cada comida,  se acudía a misa todos los domingos y fiestas de guardar y se miraba que toda la ropa cubría convenientemente todo lo que debía cubrir, incluso durante los asfixiantes veranos de Madrid. La religiosidad lo impregnaba todo en aquellas habitaciones presididas por crucifijos y cuadros de la Virgen María.

                   —No cariño, no irás a ninguna fiesta.

                   —Pero cumplo catorce años y nunca he ido a ninguna. Mis amigas me han organizado una fiesta de cumpleaños.

                   —Esas fiestas son nidos donde el pecado y la lascivia se incuban y crecen. No irás. Es mi última palabra.

         Raquel, que había vivido toda su infancia bajo los férreos preceptos de su madre entornó los ojos mientras avanzaba por el pasillo camino de su cuarto. Con el tiempo mi relación con ella no era “de hermanos”, pero habíamos alcanzado cierto grado de complicidad, así que esperé a que Gothel se sentara de nuevo en su butaca para rezar el rosario y me acerqué al cuarto de la niña.

                   —Soy Alex, ábreme la puerta, por favor.

                   —Vete. Si mamá te pilla en mi cuarto nos matará a los dos.

                   —Solo me iré si me garantizas que vas a estar bien.

                   —Rezaré un rosario para calmar mi soberbia. He cometido un pecado desafiando a mi madre, a quien debería honrar.

                   —Si te hace sentir mejor te acompañaré mañana a la iglesia para que puedas confesarte.

         No sabía que otra cosa podía hacer, porque acompañar a Raquel a la iglesia era de las pocas cosas que podíamos hacer juntos sin que Gothel estuviera presente. A pesar de que yo ya había cumplido 19 años, las normas no se habían relajado ni un poco. En algunos aspectos se habían recrudecido. Yo recordaba con nostalgia los años vividos con mi padre: con él la vida era más lógica y yo podía entenderla sin tener que leer la biblia en busca de respuestas. Lo extrañaba mucho, y estaba dispuesto a volver a buscarlo en cuanto lograra poner a Raquel a salvo de Gothel, que vigilaba cada minuto de su vida.

         Por desgracia para nosotros, Gothel había sido la que había determinado que Raquel debía acudir a la iglesia al día siguiente para pedir perdón por sus pecados, así que allí estábamos los tres, rezando a un dios en el que yo nunca había creído. Mi fingida devoción satisfacía a la bruja mientras ignoraba mis verdaderos sentimientos. Si llegaba a saber que yo en realidad nunca había creído en su Dios seguramente me habría echado de casa, pero mi engaño llevaba cinco años dando resultados. Necesitaba mantenerme al lado de Raquel, desde el primer día había visto el miedo en el fondo de su mirada y no podía resistirme a rescatarla de una vida que no merecía.

         En aquellos cinco años que habíamos compartido casa, Raquel y yo no habíamos tenido más de dos o tres ocasiones para poder jugar a solas o hacer algún puzle. Gothel era omnipresente y no quitaba el ojo de encima nunca a su pequeña princesa, aunque los mimos en aquella especie de hogar siempre habían brillado por su ausencia la vigilancia y al rigidez eran el pan nuestro de cada día.

         Me asfixiaba en aquel ambiente cargado de santos y rezos, como si tuviera una ballena sobre mi pecho impidiéndome respirar,  pero no podía dejar allí a aquella preciosa niñita que era cautiva de una educación retrógrada y sin sentido para mí. Me propuse salvarle y darle una oportunidad de vivir una vida sin semejantes ataduras. Pero ella no parecía sentirse encerrada… al menos hasta que su madre le prohibió la fiesta de cumpleaños con sus amigas. Raquel no sabía lo que era una fiesta de cumpleaños. La única celebración que habían tenido sus onomásticas hasta entonces se habían compuesto de soplar las velas sobre un bizcocho que su madre cocinaba y que siempre estaba excesivamente seco, como su corazón.

         Estaba acabando la misa cuando Raquel me miró de reojo. Capté su mirada y entendí que estaba buscando una ventana para poder respirar, así que le devolví una mirada de confianza para que supiera que podía contar conmigo pasara lo que pasara.

         Cuando el sacerdote ordenó que nos diésemos la paz, sujeté la mano de mi hermana un segundo de más, sin llamar la atención de Gothel. Quería darle la seguridad suficiente para poder emprender la huída hacia adelante. Yo tenía unos pequeños ahorros que había logrado juntar trabajando como mozo en un almacén. No era una gran cantidad puesto que casi todo el dinero se lo quedaba la bruja para los gastos de la casa, pero sería suficiente para comprar un par de billetes de tren y regresar a casa de mi padre. No sabía si lo encontraría allí, pero de lo que estaba seguro era de que encontraría el modo de vivir dignamente y lograr que Raquel tuviera una vida normal.

         Cuando salimos de la iglesia, Gothel se retrasó para hablar con don Braulio, el joven sacerdote, y agradecerle su sermón, como solía hacer. Raquel y yo esperábamos en la puerta a que saliera para regresar a casa.

         Me acerqué un poco más a mi hermana y le hablé en un susurro. Su madre tenía oídos en todas partes y esa vez era de vital importancia que no oyera lo que iba a decir.


                   —Raquel, nos vamos.

         Me miró desconcertada. Creo que no entendió mi propuesta.

                   —Solo tenemos unos pocos minutos. Ven conmigo y te librarás de esta cárcel en la que vives. Iremos a casa de mi padre y buscaremos un futuro en el que puedas celebrar tus cumpleaños con tus amigas.

         Raquel seguía mirándome con los ojos como platos. Sabía que la había cogido por sorpresa, pero en aquella casa nuestra comunicación era imposible así que era ahora o nunca. Agarré su mano y comencé a caminar, seguro que de ella me seguiría, pero nuestros brazos se estiraron cuando ella no se movió del sitio.

                   —Raquel, tenemos que irnos ahora. Ahora o nunca.

         Pero ella no se movió del sitio. Busqué una respuesta en sus ojos y me di cuenta de que su inocencia ya no estaba allí. No entendía nada.  Su mirada era intensa y estaba llena de miedo. Sin embargo algo me decía que estaba dispuesta a enfrentarse a ese miedo. Tiró de mí hacia el interior de la iglesia.

                   —No, Raquel. Vámonos. No puedo creer que quieras seguir viviendo en este infierno. Vámonos ahora.

                   —El infierno es para los pecadores.

         Me dejé arrastrar dentro del templo. Un rumor extraño ensuciaba el sagrado silencio. Caminamos sigilosamente hasta el altar, en cuyo lateral estaba la puerta de la sacristía. El sonido de unos gruñidos era cada vez más evidente. El miedo en los pasos de mi hermana, también. La puerta de la sacristía estaba entreabierta y por la ranura que quedaba podía verse parciamente el interior. No podía creer lo que estaba viendo.

                   —No puede ser ¿desde cuándo lo sabes?—Le pregunté a Raquel. Ella se arremangó las mangas del vestido para mostrarme sendas cicatrices en sus muñecas.

                   —No quiero ser como ella.

         Empujó la puerta, que se abrió con un chirrido y pude ver . Los ojos de Gothel brillaron desorbitados y llenos de ira mientras la sangre del sacerdote escurría de su boca. Ni todas las oraciones del mundo podrían librarla nunca de sus raíces paganas ni de ser lo que era.

Este relato está enmarcado en el reto de escritura #Origireto2020 organizado por Kat y Stiby. Podeis consultar las bases y apuntaros en sus blogs clickando aquí  o aquí

JULIO:
Objetivo 3: Escribe una historia basada en la religión
Cuentos y leyendas B: Rapunzell.
Criaturas del camino III: Wendigo.
Objetos ocultos: 4 una ballena y 7 una docena.
Además: milpalabrista (1606 palabras), doble dragón por relato de fantasía, rosa insolente por protagonista femenina y creo que no me dejo nada.

Gracias por leer hasta aquí.
Déjame tu comentario para saber si este relato te ha gustado o no. Prometo contestar.

viernes, 24 de julio de 2020

LA ORIGICANCIÓN DEL VERANO 2020

Continuando con mi participación en el reto de escritura creativa #Origireto2020, aquí traigo la ORIGICANCIÓN DEL VERANO.


¡¡¡ADVERTENCIA!!!
El autor del blog no se hace responsable de lesiones auditivas ni esguinces cerebrales causados por esta entrada. Si aún así sigues adelante, no olvides comentar tu estado mental después de recibir el impacto de la multitud de estímulos a la que estás a punto de exponerte.
¡¡¡AVISADOS ESTÁIS!!!
Luego no quiero lloros…

Bien. Aunque sé que creéis que el verano llegó hace más de un mes, oficialmente no comienza hasta que no suena en todas partes la canción del verano ¿Y cuál es la canción del verano este año extraño? Sin duda hay multitud de candidatas sonando en radios y gramolas (no, en gramolas no, eres más antigua que un alumno de empresariales). Bueno, donde suenen los hits ahora, en los móviles y aparatos digitales variados, supongo. (vas bien…)
Sin embargo no todos los éxitos son para el gran público y para que vayais entrando en materia os propongo darle una oída a los grandísimos éxitos del verano pasado, que están pendientes de salir próximamente en un disco recopilatorio:


(¿Tu te flipas o qué? en un disco dice…)
En cualquier caso, quiero dedicaros en primicia mundial el enlace  directo a las verdaderas canciones del verano del auténtico #Origireto2020, que saldrán editadas en un disco también (Si, también. Igual que las del año pasado. Se llamará La canción del verano II. Me meo de la risa):

La canción que nos brinda Erica Fortuny te hará enloquecer:ENLOQUECE CONMIGO

Brayan nos propone dos opciones, y agárrate bien a la silla porque te vas a caer de culo con cualquiera de las dos:

Y Maruja Konichiwa nos ofrece la suya en su blog : QUE CALOR


Todas ellas son originales, pegadizas y sobre todo divertidas. ¡Ole por esas voces valientes! Porque el valor de una canción está en el sentimiento que transmite…(¿Intentas decir que cantamos mal?) Está bien, me dejaré de eufemismos. En esta entrada vamos a demostrar que lo importante es que todo el mundo sepa lo mal que cantas en verano. (¡Heeeee! ¡Cuidado con eso! Que yo no canto mal en verano ¡Yo canto fatal todo el año! Solo que en verano, encima, lo publico ¡Sinvergüenza!) Oye, oye, que no es obligatorio escuchar. Si quieres preservar tu salud auditiva intacta puedes elegir leer solo la letra de la canción (¡Venga ya! ¿Entonces qué gracia tiene?) Bueno, hay gente en el #Origireto2020  con mucha creatividad pero con poco espíritu cantarín, para muestra un botón:

La jefa Stiby nos deja su letra en twiter: OTRO RETO MÁS
Y la jefa Katty hace lo mismo pero en su blog: ORIGICANCIÓN
 (Ya se que pensáis lo mismo que yo, que ahí van dando ejemplo. Quizá las mas sensatas despues de todo ¿Qué necesidad hay de hacer el ridículo?)

¿A dónde quieres ir a parar? Pues a intentar evitar lo inevitable ¿No es evidente? ¡Deja de enrollarte y cuelga ya la dichosa cancioncita. Vaaaale. Aquí os dejo la letra, para que tengáis la oportunidad de no escucharla si no lo consideráis estrictamente necesario:
Aviso musical: Debéis leerla recordando la canción “el Chiringuito” de Georgie Dan. Para los que no sepáis quien es: 

 Sin mas preámbulos y sin vergüenza ninguna, aquí teneis el audio: ,

 y aquí la letra:

EL ORIGIRETO:
Origireto, Origireto, Origireto, Origireto
Oculta dos objetos
persigue un objetivo
incluye criaturas
también un cuento antiguo.
Origireto, Origireto, Origireto, Origireto
Tuitea tu relato,
comenta a los amigos,
pinta la pegatina
y el drive rellenadito
Origireto, Origireto, Origireto, Origireto
Kat. Stiby y Kat. Stiby y Kat. Stiby y Kat.
Kat. Stiby y Kat. Stiby y Kat. Stiby y Kat.
Te llevas el cohete
si escribes el primero,
si lo dejas pa el ulti
Kalen te da un cangrejo.
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martes, 30 de junio de 2020

VIVIRÁS CON MIEDO

VIVIRÁS CON MIEDO

            Cruzaron las vías del tren. En este lado había un campo y más allá de aquel campo estaba su futuro. No sabían lo que les esperaba, pero estaban seguros de que nada sería peor que lo que dejaban atrás.
                        —¿Qué haces, Jandro?
            El muchacho se había agachado y parecía estar clavando algo en el suelo.
                        —Clavar esta estaca junto a la vía. La enterraré hasta dentro. Tiene grabada la fecha de hoy y nuestros nombres.
                        —Greta, no me mires así. Esta estaca nos impedirá volver… en cuanto consiga enterrarla y ponerle encima la Piedra.
                        —¡Jandro! ¡No dejaremos la Piedra Límite aquí! Nos puede hacer falta más adelante.
                        —No Greta —La mirada del chico era intensa e incuestionable.—Aquí es donde debe estar. No hay mejor forma de asegurarnos el futuro que bloquear para siempre el pasado.
            Greta le miró, sopesando su respuesta. “Puede que tenga razón. Por nada del mundo quiero volver a la casa de esa vieja bruja”. Algo le decía a Greta que no todo su pasado estaba en aquel espantoso lugar.
            Jandro terminó de clavar la estaca en el suelo y colocó las manos a los lados de ella. Levantó la mirada buscando los ojos de la chica, y ella se arrodilló frente a él, imitando su postura, de modo que las puntas de sus dedos se tocaron y un torrente de energía empezó a circular por sus cuerpos como si fuera electricidad. Se miraron de nuevo a los ojos y pronunciaron el hechizo confiando plenamente el uno en el otro.
                        —¡Amunta Sama Terén!
            La Piedra Límite emitió un resplandor irisado y comenzó a emanar un agradable calor. Los chicos la cogieron con la punta de sus dedos y la depositaron ceremoniosamente encima de la estaca. Una vibración intensa sacudió la tierra a su alrededor y la luz de la Piedra se apagó. Ambos se pusieron de pie y guardaron un involuntario minuto de silencio, quizá por el pasado, que acababa de quedar enterrado para siempre, junto con la estaca… si el hechizo había salido bien y la Piedra hacía su magia, claro.
            Como si la estuviera leyendo el pensamiento, Jandro apretó las manos de Greta, intentando tranquilizarla.
                        —Todo va a salir bien. Somos libres.
            Greta quería creerle. Pero lo que de verdad ansiaba era alejarse de allí cuanto antes. La vía estaba justo a su lado y al otro lado de aquella frontera de hierro vivía el horror que les había torturado durante años. Aquel horror contra el que nunca habían podido luchar porque eran demasiado pequeños para enfrentarlo.
            Empezaron a caminar en dirección opuesta, alejándose para siempre de su pasado y mirando al futuro con esperanza. En el horizonte les esperaban unas imponentes montañas y encaminaron sus decididos pasos hacía ellas.

            El viento les daba de cara y les traía un rumor armónico y reminiscente que a Greta le estaba poniendo muy nerviosa. Aunque a Jandro parecía no afectarle, a ella se le estaba metiendo en el corazón, intentando despertar viejos recuerdos que había enterrado cuando era muy niña.
            Algo no iba bien. Nada bien. No podía ser que Jandro no lo notara… aunque nunca había sido un niño muy intuitivo, la verdad. Cuando eran muy pequeños y vivían con sus padres (¡Sus padres! Llevaba años sin acordarse de ellos) todos los días iban a la fábrica donde trabajaban. Allí, en la entrada, se quedaban con los hijos de otros trabajadores que, como sus padres, no tenían con quien dejarlos. Entonces su madre enfermó y murió y su padre se quedó sin trabajo. Cambiaron su pequeña casita por una pequeña habitación en un piso con otras tres familias.
             Greta empezó a descubrir miradas llenas de dolor en los ojos de su padre. Salía todos los días a todas las fábricas de la ciudad a buscar un empleo que le permitiese mantenerles, pero todos los días volvía derrotado sin haberlo conseguido. Todo aquello era una especie de nebulosa en la memoria de Greta. Jandro era demasiado pequeño cuando ocurrió, seguro que ni siquiera lo recordaba.
            Mientras caminaban en dirección a las montañas el cerebro de Greta comenzó a hervir. Había algo que le decía que nada bueno les esperaba allí y las borrosas caras de sus padres no se retiraban de su memoria. Si de algo no había dudado nunca Jandro había sido del amor de sus padres, aunque tuvieran que dejarlos en el orfanato porque no podían mantenerles. Sin embargo Greta tenía otra opinión: ella era más mayor y sus recuerdos eran confusos, pero sabía que el dinero no había sido la única causa que les llevara a vivir huérfanos y en manos de la directora doña Críspula. Aquella bruja les había tratado como apestados entre todos los niños que, mugrientos y muertos de hambre, les rodeaban. Por algún motivo que Greta no alcanzaba a descifrar ellos siempre eran el blanco de todos los castigos. Ellos dos siempre pagaban los platos rotos.
            Todos los niños del orfanato estaban seguros de que doña Críspula tenía poderes: lo veía todo y lo sabía todo. Sin embargo Jandro pudo comprobar que los tenía realmente, porque vio con sus propios ojos más de una vez como maldecía la comida para que su sabor se tornara salado o amargo en el plato de los dos hermanos. También habían sufrido terribles pesadillas cada vez que la vieja bruja les daba las buenas noches y les susurraba al oído unas palabras que solo ellos oían: “noche de miedo, pequeños”. Aquella maldición les hacía gritar y llorar dormidos, intentando escapar de las terribles visiones que el sueño les traía. Sin embargo nunca vieron que les hiciera esas cosas a los otros niños.
            Así que Jandro estaba seguro de que su vida sería feliz a partir de ese momento. No habían matado a la bruja, como pasaba en los cuentos, pero la habían dejado atrás para siempre. Ya no podría hacerles daño.
            Entonces de un matorral que había en el borde del camino le llegó una voz:
                        No dejes atrás tus miedos, pues siempre retornarán.
siempre hay que plantarles cara, vencerles o vencerán.
El terror es insolente y siempre vuelve al presente.
                        —¿Lo has oído, Greta?
                        —Si, viene de ese matorral.
            La muchacha se agachó y le pareció ver un insecto entre las hojas del matorral. Un insecto que se escondió… trasformando el matojo en el rostro de doña Críspula.
            Greta ahogó un grito. No quería asustar a Jandro.
                        —Vamos enano, seguramente no sea nada.
            Pero claro que era algo. Esa voz le resultaba familiar. La visión de la cara de aquella bruja le recordó la maldición con la que les había recibido en la puerta del orfanato:”dos querubines nuevos para mí, me comeré vuestras almas”. La niña no entendió lo que doña Críspula había querido decir, pero desde ese momento vivió aterrada, esperando que la vieja se les comiera una noche mientras dormían.
            Por suerte habían tenido tiempo de crecer lo suficiente como para escapar de aquel lugar antes de que la bruja se los comiera…lo malo es que no tenían ningún otro sitio al que ir. No tenían un hogar al que volver. Y aunque Jandro estaba seguro de que sus padres les estarían esperando para abrazarles y con ellos podrían volver a ser felices, Greta no era tan optimista. 
            Greta no era como las otras niñas, cuyos padres les enseñaban los rudimentos básicos de la magia desde que eran pequeñas para poder vivir en un mundo cambiante, en el que el tiempo y el espacio siempre eran relativos y donde solo con esa pizca de magia se podía vivir. A Greta su madre solo le había anunciado que un día le enseñaría todo lo necesario, pero ese día nunca había llegado. Por eso  los cuatro años que habían pasado en aquel infierno de orfanato los había invertido en estudiar todos los libros de hechizos que cayeron en sus manos, aunque el que realmente tenía poder era su hermano, un poder puro y potente, aunque no lo había usado casi nunca, por miedo a no ser capaz de controlarlo. No era corriente que los niños tuvieran poder, solían ser las niñas las que tenían el poder de la tierra en su sangre, pero el caso de Jandro era especial. Greta lo descubrió por accidente, cuando vio a su hermanito en la cuna, agitando sus manitas y creando diminutos arcoíris a su alrededor que le hacían sonreír.
            Llevaban más de tres horas caminando y se les estaba agotando el agua. Decidieron parar a la sombra de un manzano, donde Greta podría conseguir algo que beber usando un sencillo conjuro en las raíces superficiales del frutal. Al sentarse volvieron a oir la voz, que les repetía la misma letanía de antes. Greta no quiso mirar a ninguna parte, la voz salía del árbol, pero no quería volver a ver la cara de doña Críspula.
            Después de refrescarse y descansar un poco volvieron al camino, las montañas aún quedaban lejos, pero ya se veían las azoteas de las casas y las chimeneas de las fábricas. Si nada se torcía quizá pudieran llegar antes de la noche. En la ciudad buscar agua y alimentos era más difícil con los pocos recursos de que disponían, pero Greta estaba dispuesta a confiar en el poder de Jandro, quien aseguraba que ya podía oir el latido del corazón de su madre. Greta sabía que eso era imposible, pero no quería ensombrecer la alegría de su hermano con sus propios miedos.
            Durante el camino recordaron todo lo que habían vivido, intentando centrarse solo en las cosas buenas: las buenas amigas que les habían ayudado a escapar y que les habían protegido en el orfanato, la luz del sol de la mañana dándoles en la cara tras cuatro años de dormir encerrados en un sótano sin ventanas... Aunque el gesto de Greta era de preocupación por la voz que les repetía no dejes atrás tus miedos… era un susurro constante y cada vez más insistente. Parecía que fuera el mismo aire quien se lo repitiera una y otra vez como un mantra. Esas frases estaban logrando minar la esperanza de Greta y al cabo de otro par de horas, parecía que estaban menoscabando la fe de Jandro también.
            Apretaron el paso con la decidida idea de llegar cuanto antes a la ciudad, buscar a sus padres y ¿qué? No lo sabían, pero sería bueno, seguro.
            Cuando llegaron al olmo seco que presidía de la entrada de la ciudad, la voz dejó de ser un susurro para convertirse en un grito atronador y de detrás del árbol vieron salir una fragante nube violeta que pretendía envolverlos mientras voceaba: No dejes atrás tus miedos…
            Jandro cogió la mano de su hermana, asustado. Greta supo en ese momento de donde venía realmente la voz, supo a quien pertenecía.
                        —¿Mamá?
            Jandro  miró atónito a Greta. Él no recordaba la voz de su madre.
                        No dejes atrás tus miedos, pues siempre retornarán.
siempre hay que plantarles cara, vencerles o vencerán.
El terror es insolente y siempre vuelve al presente.

            Definitivamente era la cariñosa voz de su madre. Intentaba avisarles de algo. Greta se dio cuenta demasiado tarde:
                        —Deberíais hacer caso a vuestra madre, querubines.—Dijo doña Críspula a sus espaldas.
            Cuando Greta se giró y vio a la vieja señalándoles con su bastón supo que el poder de Jandro no era tan fuerte, que la Piedra Límite no había sido capaz de encerrar su pasado al otro lado de la vía. Siempre vivírían con miedo.
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                   —El alma de los querubines es deliciosa, pero no me ha saciado.
         Doña Críspula recordaba con deleite el sabor de aquel alma que devoró hacía cuatro años. Aquel alma fuerte y dulce de madre si que le había quitado el hambre.

Este relato está enmarcado en el reto de escritura #Origireto2020 organizado por Kat y Stiby. Podeis consultar las bases y apuntaros en sus blogs clickando  aquí o aquí.

JUNIO:

Objetivo 1: Escribe tu propio cuento con enseñanza.
Cuentos y leyendas A: Hansel y Gretel.
Criaturas del camino II: Brujas.
Objetos ocultos: 1 Una estaca y 3 arco iris.
Además: milpalabrista (2003 palabras), doble dragón por relato de fantasía, rosa insolente por protagonista femenina y creo que no me dejo nada.

Gracias por leer hasta aquí.
Déjame tu comentario para saber que es lo que tú cambiarias en este relato.