viernes, 31 de julio de 2020

PECADO

        PECADO          

                    —Amén.

                   —Amén.

         Recitamos todos al unísono. Para mí solo eran palabras huecas, pero mi hermana estaba segura de que iría al infierno si no cumplía con todos los preceptos de la Santa Madre Iglesia. Siempre tan preciosa, con su larguísima melena recogida en una recatada trenza que se enroscaba formando un moño monumental y sin embargo, siempre asustada de la vida.

         Cuando la conocí era una preciosa niña de siete años, con vestido de callos, calcetines y dos coletas rubias con enormes lazos. Tenía la dulce mirada de la inocencia y una piel blanca como la leche. Su madre la traía de la mano cuando llegó a la estación a recogerme. Por aquel entonces yo tenía el aspecto de un mozalbete de doce años, alto, flaco, desgarbado y con unos pantalones demasiado cortos para mi estatura. Gothel me miró de arriba abajo apretando los labios mientras sujetaba con fuerza la mano de Raquel, que la miraba con miedo a quejarse, seguramente temiendo una reprimenda si abría la boca.

                   —Vamos.

         Esa fue la única palabra que dijo aquella mujer a la que nunca conseguí llamar mamá. Estuvimos caminado durante más de media hora hasta llegar a un pequeño piso del centro de Madrid. Gothel abrió y volvió a hablar.

                   —Límpiate bien los pies en el felpudo antes de entrar.

         La mirada que me dedicó era fría como el hielo. Miré a mi nueva hermana buscando algo de complicidad, pero ella ya había pasado y se había metido en una de las habitaciones. Gothel me mostró donde estaban el baño y al cocina. Después abrió la puerta de un diminuto cuarto que por todo mobiliario tenía un jergón, un pequeño armario y un reclinatorio. Nunca había visto uno de esos en una casa.


                   —Cenamos a las ocho y media. Aséate antes de ir a la mesa. Puedes deshacer tu…—miró con desprecio mi pequeña mochila—equipaje, y descansar un poco del viaje. Aprovecha para agradecerle a Dios haberte permitido realizarlo sin contratiempos.

         Así de fría y distante se mostraba siempre aquella bruja conmigo. Se dirigía a mi siempre por mi nombre: Alex. A la pequeña la llamaba “cariño”, masticando la palabra, que de sus labios sonaba como una maldición.

         Las normas en aquella casa eran de una rigidez castrense: se bendecía la mesa antes de cada comida,  se acudía a misa todos los domingos y fiestas de guardar y se miraba que toda la ropa cubría convenientemente todo lo que debía cubrir, incluso durante los asfixiantes veranos de Madrid. La religiosidad lo impregnaba todo en aquellas habitaciones presididas por crucifijos y cuadros de la Virgen María.

                   —No cariño, no irás a ninguna fiesta.

                   —Pero cumplo catorce años y nunca he ido a ninguna. Mis amigas me han organizado una fiesta de cumpleaños.

                   —Esas fiestas son nidos donde el pecado y la lascivia se incuban y crecen. No irás. Es mi última palabra.

         Raquel, que había vivido toda su infancia bajo los férreos preceptos de su madre entornó los ojos mientras avanzaba por el pasillo camino de su cuarto. Con el tiempo mi relación con ella no era “de hermanos”, pero habíamos alcanzado cierto grado de complicidad, así que esperé a que Gothel se sentara de nuevo en su butaca para rezar el rosario y me acerqué al cuarto de la niña.

                   —Soy Alex, ábreme la puerta, por favor.

                   —Vete. Si mamá te pilla en mi cuarto nos matará a los dos.

                   —Solo me iré si me garantizas que vas a estar bien.

                   —Rezaré un rosario para calmar mi soberbia. He cometido un pecado desafiando a mi madre, a quien debería honrar.

                   —Si te hace sentir mejor te acompañaré mañana a la iglesia para que puedas confesarte.

         No sabía que otra cosa podía hacer, porque acompañar a Raquel a la iglesia era de las pocas cosas que podíamos hacer juntos sin que Gothel estuviera presente. A pesar de que yo ya había cumplido 19 años, las normas no se habían relajado ni un poco. En algunos aspectos se habían recrudecido. Yo recordaba con nostalgia los años vividos con mi padre: con él la vida era más lógica y yo podía entenderla sin tener que leer la biblia en busca de respuestas. Lo extrañaba mucho, y estaba dispuesto a volver a buscarlo en cuanto lograra poner a Raquel a salvo de Gothel, que vigilaba cada minuto de su vida.

         Por desgracia para nosotros, Gothel había sido la que había determinado que Raquel debía acudir a la iglesia al día siguiente para pedir perdón por sus pecados, así que allí estábamos los tres, rezando a un dios en el que yo nunca había creído. Mi fingida devoción satisfacía a la bruja mientras ignoraba mis verdaderos sentimientos. Si llegaba a saber que yo en realidad nunca había creído en su Dios seguramente me habría echado de casa, pero mi engaño llevaba cinco años dando resultados. Necesitaba mantenerme al lado de Raquel, desde el primer día había visto el miedo en el fondo de su mirada y no podía resistirme a rescatarla de una vida que no merecía.

         En aquellos cinco años que habíamos compartido casa, Raquel y yo no habíamos tenido más de dos o tres ocasiones para poder jugar a solas o hacer algún puzle. Gothel era omnipresente y no quitaba el ojo de encima nunca a su pequeña princesa, aunque los mimos en aquella especie de hogar siempre habían brillado por su ausencia la vigilancia y al rigidez eran el pan nuestro de cada día.

         Me asfixiaba en aquel ambiente cargado de santos y rezos, como si tuviera una ballena sobre mi pecho impidiéndome respirar,  pero no podía dejar allí a aquella preciosa niñita que era cautiva de una educación retrógrada y sin sentido para mí. Me propuse salvarle y darle una oportunidad de vivir una vida sin semejantes ataduras. Pero ella no parecía sentirse encerrada… al menos hasta que su madre le prohibió la fiesta de cumpleaños con sus amigas. Raquel no sabía lo que era una fiesta de cumpleaños. La única celebración que habían tenido sus onomásticas hasta entonces se habían compuesto de soplar las velas sobre un bizcocho que su madre cocinaba y que siempre estaba excesivamente seco, como su corazón.

         Estaba acabando la misa cuando Raquel me miró de reojo. Capté su mirada y entendí que estaba buscando una ventana para poder respirar, así que le devolví una mirada de confianza para que supiera que podía contar conmigo pasara lo que pasara.

         Cuando el sacerdote ordenó que nos diésemos la paz, sujeté la mano de mi hermana un segundo de más, sin llamar la atención de Gothel. Quería darle la seguridad suficiente para poder emprender la huída hacia adelante. Yo tenía unos pequeños ahorros que había logrado juntar trabajando como mozo en un almacén. No era una gran cantidad puesto que casi todo el dinero se lo quedaba la bruja para los gastos de la casa, pero sería suficiente para comprar un par de billetes de tren y regresar a casa de mi padre. No sabía si lo encontraría allí, pero de lo que estaba seguro era de que encontraría el modo de vivir dignamente y lograr que Raquel tuviera una vida normal.

         Cuando salimos de la iglesia, Gothel se retrasó para hablar con don Braulio, el joven sacerdote, y agradecerle su sermón, como solía hacer. Raquel y yo esperábamos en la puerta a que saliera para regresar a casa.

         Me acerqué un poco más a mi hermana y le hablé en un susurro. Su madre tenía oídos en todas partes y esa vez era de vital importancia que no oyera lo que iba a decir.


                   —Raquel, nos vamos.

         Me miró desconcertada. Creo que no entendió mi propuesta.

                   —Solo tenemos unos pocos minutos. Ven conmigo y te librarás de esta cárcel en la que vives. Iremos a casa de mi padre y buscaremos un futuro en el que puedas celebrar tus cumpleaños con tus amigas.

         Raquel seguía mirándome con los ojos como platos. Sabía que la había cogido por sorpresa, pero en aquella casa nuestra comunicación era imposible así que era ahora o nunca. Agarré su mano y comencé a caminar, seguro que de ella me seguiría, pero nuestros brazos se estiraron cuando ella no se movió del sitio.

                   —Raquel, tenemos que irnos ahora. Ahora o nunca.

         Pero ella no se movió del sitio. Busqué una respuesta en sus ojos y me di cuenta de que su inocencia ya no estaba allí. No entendía nada.  Su mirada era intensa y estaba llena de miedo. Sin embargo algo me decía que estaba dispuesta a enfrentarse a ese miedo. Tiró de mí hacia el interior de la iglesia.

                   —No, Raquel. Vámonos. No puedo creer que quieras seguir viviendo en este infierno. Vámonos ahora.

                   —El infierno es para los pecadores.

         Me dejé arrastrar dentro del templo. Un rumor extraño ensuciaba el sagrado silencio. Caminamos sigilosamente hasta el altar, en cuyo lateral estaba la puerta de la sacristía. El sonido de unos gruñidos era cada vez más evidente. El miedo en los pasos de mi hermana, también. La puerta de la sacristía estaba entreabierta y por la ranura que quedaba podía verse parciamente el interior. No podía creer lo que estaba viendo.

                   —No puede ser ¿desde cuándo lo sabes?—Le pregunté a Raquel. Ella se arremangó las mangas del vestido para mostrarme sendas cicatrices en sus muñecas.

                   —No quiero ser como ella.

         Empujó la puerta, que se abrió con un chirrido y pude ver . Los ojos de Gothel brillaron desorbitados y llenos de ira mientras la sangre del sacerdote escurría de su boca. Ni todas las oraciones del mundo podrían librarla nunca de sus raíces paganas ni de ser lo que era.

Este relato está enmarcado en el reto de escritura #Origireto2020 organizado por Kat y Stiby. Podeis consultar las bases y apuntaros en sus blogs clickando aquí  o aquí

JULIO:
Objetivo 3: Escribe una historia basada en la religión
Cuentos y leyendas B: Rapunzell.
Criaturas del camino III: Wendigo.
Objetos ocultos: 4 una ballena y 7 una docena.
Además: milpalabrista (1606 palabras), doble dragón por relato de fantasía, rosa insolente por protagonista femenina y creo que no me dejo nada.

Gracias por leer hasta aquí.
Déjame tu comentario para saber si este relato te ha gustado o no. Prometo contestar.

viernes, 24 de julio de 2020

LA ORIGICANCIÓN DEL VERANO 2020

Continuando con mi participación en el reto de escritura creativa #Origireto2020, aquí traigo la ORIGICANCIÓN DEL VERANO.


¡¡¡ADVERTENCIA!!!
El autor del blog no se hace responsable de lesiones auditivas ni esguinces cerebrales causados por esta entrada. Si aún así sigues adelante, no olvides comentar tu estado mental después de recibir el impacto de la multitud de estímulos a la que estás a punto de exponerte.
¡¡¡AVISADOS ESTÁIS!!!
Luego no quiero lloros…

Bien. Aunque sé que creéis que el verano llegó hace más de un mes, oficialmente no comienza hasta que no suena en todas partes la canción del verano ¿Y cuál es la canción del verano este año extraño? Sin duda hay multitud de candidatas sonando en radios y gramolas (no, en gramolas no, eres más antigua que un alumno de empresariales). Bueno, donde suenen los hits ahora, en los móviles y aparatos digitales variados, supongo. (vas bien…)
Sin embargo no todos los éxitos son para el gran público y para que vayais entrando en materia os propongo darle una oída a los grandísimos éxitos del verano pasado, que están pendientes de salir próximamente en un disco recopilatorio:


(¿Tu te flipas o qué? en un disco dice…)
En cualquier caso, quiero dedicaros en primicia mundial el enlace  directo a las verdaderas canciones del verano del auténtico #Origireto2020, que saldrán editadas en un disco también (Si, también. Igual que las del año pasado. Se llamará La canción del verano II. Me meo de la risa):

La canción que nos brinda Erica Fortuny te hará enloquecer:ENLOQUECE CONMIGO

Brayan nos propone dos opciones, y agárrate bien a la silla porque te vas a caer de culo con cualquiera de las dos:

Y Maruja Konichiwa nos ofrece la suya en su blog : QUE CALOR


Todas ellas son originales, pegadizas y sobre todo divertidas. ¡Ole por esas voces valientes! Porque el valor de una canción está en el sentimiento que transmite…(¿Intentas decir que cantamos mal?) Está bien, me dejaré de eufemismos. En esta entrada vamos a demostrar que lo importante es que todo el mundo sepa lo mal que cantas en verano. (¡Heeeee! ¡Cuidado con eso! Que yo no canto mal en verano ¡Yo canto fatal todo el año! Solo que en verano, encima, lo publico ¡Sinvergüenza!) Oye, oye, que no es obligatorio escuchar. Si quieres preservar tu salud auditiva intacta puedes elegir leer solo la letra de la canción (¡Venga ya! ¿Entonces qué gracia tiene?) Bueno, hay gente en el #Origireto2020  con mucha creatividad pero con poco espíritu cantarín, para muestra un botón:

La jefa Stiby nos deja su letra en twiter: OTRO RETO MÁS
Y la jefa Katty hace lo mismo pero en su blog: ORIGICANCIÓN
 (Ya se que pensáis lo mismo que yo, que ahí van dando ejemplo. Quizá las mas sensatas despues de todo ¿Qué necesidad hay de hacer el ridículo?)

¿A dónde quieres ir a parar? Pues a intentar evitar lo inevitable ¿No es evidente? ¡Deja de enrollarte y cuelga ya la dichosa cancioncita. Vaaaale. Aquí os dejo la letra, para que tengáis la oportunidad de no escucharla si no lo consideráis estrictamente necesario:
Aviso musical: Debéis leerla recordando la canción “el Chiringuito” de Georgie Dan. Para los que no sepáis quien es: 

 Sin mas preámbulos y sin vergüenza ninguna, aquí teneis el audio: ,

 y aquí la letra:

EL ORIGIRETO:
Origireto, Origireto, Origireto, Origireto
Oculta dos objetos
persigue un objetivo
incluye criaturas
también un cuento antiguo.
Origireto, Origireto, Origireto, Origireto
Tuitea tu relato,
comenta a los amigos,
pinta la pegatina
y el drive rellenadito
Origireto, Origireto, Origireto, Origireto
Kat. Stiby y Kat. Stiby y Kat. Stiby y Kat.
Kat. Stiby y Kat. Stiby y Kat. Stiby y Kat.
Te llevas el cohete
si escribes el primero,
si lo dejas pa el ulti
Kalen te da un cangrejo.
Origireto, Origireto, Origireto, Origireto
En el chat hay buen rollo
de cifi y fantasía,
de origers y botijers
de escribir algún día.
Origireto, Origireto, Origireto, Origireto
Kat. Stiby y Kat. Stiby y Kat. Stiby y Kat.
Kat. Stiby y Kat. Stiby y Kat. Stiby y Kat.
Comentarás sin parar
a Carly o Isefran,
a Brayan, también a Juan,
a Erica, a Thaly o Kam.
A Random también leerás,
A Gema,  a Miguel y a Shu,
a Alicia, a Salva, a Simón
a Paulus y a mí.
Origireto, Origireto, Origireto, Origireto


martes, 30 de junio de 2020

VIVIRÁS CON MIEDO

VIVIRÁS CON MIEDO

            Cruzaron las vías del tren. En este lado había un campo y más allá de aquel campo estaba su futuro. No sabían lo que les esperaba, pero estaban seguros de que nada sería peor que lo que dejaban atrás.
                        —¿Qué haces, Jandro?
            El muchacho se había agachado y parecía estar clavando algo en el suelo.
                        —Clavar esta estaca junto a la vía. La enterraré hasta dentro. Tiene grabada la fecha de hoy y nuestros nombres.
                        —Greta, no me mires así. Esta estaca nos impedirá volver… en cuanto consiga enterrarla y ponerle encima la Piedra.
                        —¡Jandro! ¡No dejaremos la Piedra Límite aquí! Nos puede hacer falta más adelante.
                        —No Greta —La mirada del chico era intensa e incuestionable.—Aquí es donde debe estar. No hay mejor forma de asegurarnos el futuro que bloquear para siempre el pasado.
            Greta le miró, sopesando su respuesta. “Puede que tenga razón. Por nada del mundo quiero volver a la casa de esa vieja bruja”. Algo le decía a Greta que no todo su pasado estaba en aquel espantoso lugar.
            Jandro terminó de clavar la estaca en el suelo y colocó las manos a los lados de ella. Levantó la mirada buscando los ojos de la chica, y ella se arrodilló frente a él, imitando su postura, de modo que las puntas de sus dedos se tocaron y un torrente de energía empezó a circular por sus cuerpos como si fuera electricidad. Se miraron de nuevo a los ojos y pronunciaron el hechizo confiando plenamente el uno en el otro.
                        —¡Amunta Sama Terén!
            La Piedra Límite emitió un resplandor irisado y comenzó a emanar un agradable calor. Los chicos la cogieron con la punta de sus dedos y la depositaron ceremoniosamente encima de la estaca. Una vibración intensa sacudió la tierra a su alrededor y la luz de la Piedra se apagó. Ambos se pusieron de pie y guardaron un involuntario minuto de silencio, quizá por el pasado, que acababa de quedar enterrado para siempre, junto con la estaca… si el hechizo había salido bien y la Piedra hacía su magia, claro.
            Como si la estuviera leyendo el pensamiento, Jandro apretó las manos de Greta, intentando tranquilizarla.
                        —Todo va a salir bien. Somos libres.
            Greta quería creerle. Pero lo que de verdad ansiaba era alejarse de allí cuanto antes. La vía estaba justo a su lado y al otro lado de aquella frontera de hierro vivía el horror que les había torturado durante años. Aquel horror contra el que nunca habían podido luchar porque eran demasiado pequeños para enfrentarlo.
            Empezaron a caminar en dirección opuesta, alejándose para siempre de su pasado y mirando al futuro con esperanza. En el horizonte les esperaban unas imponentes montañas y encaminaron sus decididos pasos hacía ellas.

            El viento les daba de cara y les traía un rumor armónico y reminiscente que a Greta le estaba poniendo muy nerviosa. Aunque a Jandro parecía no afectarle, a ella se le estaba metiendo en el corazón, intentando despertar viejos recuerdos que había enterrado cuando era muy niña.
            Algo no iba bien. Nada bien. No podía ser que Jandro no lo notara… aunque nunca había sido un niño muy intuitivo, la verdad. Cuando eran muy pequeños y vivían con sus padres (¡Sus padres! Llevaba años sin acordarse de ellos) todos los días iban a la fábrica donde trabajaban. Allí, en la entrada, se quedaban con los hijos de otros trabajadores que, como sus padres, no tenían con quien dejarlos. Entonces su madre enfermó y murió y su padre se quedó sin trabajo. Cambiaron su pequeña casita por una pequeña habitación en un piso con otras tres familias.
             Greta empezó a descubrir miradas llenas de dolor en los ojos de su padre. Salía todos los días a todas las fábricas de la ciudad a buscar un empleo que le permitiese mantenerles, pero todos los días volvía derrotado sin haberlo conseguido. Todo aquello era una especie de nebulosa en la memoria de Greta. Jandro era demasiado pequeño cuando ocurrió, seguro que ni siquiera lo recordaba.
            Mientras caminaban en dirección a las montañas el cerebro de Greta comenzó a hervir. Había algo que le decía que nada bueno les esperaba allí y las borrosas caras de sus padres no se retiraban de su memoria. Si de algo no había dudado nunca Jandro había sido del amor de sus padres, aunque tuvieran que dejarlos en el orfanato porque no podían mantenerles. Sin embargo Greta tenía otra opinión: ella era más mayor y sus recuerdos eran confusos, pero sabía que el dinero no había sido la única causa que les llevara a vivir huérfanos y en manos de la directora doña Críspula. Aquella bruja les había tratado como apestados entre todos los niños que, mugrientos y muertos de hambre, les rodeaban. Por algún motivo que Greta no alcanzaba a descifrar ellos siempre eran el blanco de todos los castigos. Ellos dos siempre pagaban los platos rotos.
            Todos los niños del orfanato estaban seguros de que doña Críspula tenía poderes: lo veía todo y lo sabía todo. Sin embargo Jandro pudo comprobar que los tenía realmente, porque vio con sus propios ojos más de una vez como maldecía la comida para que su sabor se tornara salado o amargo en el plato de los dos hermanos. También habían sufrido terribles pesadillas cada vez que la vieja bruja les daba las buenas noches y les susurraba al oído unas palabras que solo ellos oían: “noche de miedo, pequeños”. Aquella maldición les hacía gritar y llorar dormidos, intentando escapar de las terribles visiones que el sueño les traía. Sin embargo nunca vieron que les hiciera esas cosas a los otros niños.
            Así que Jandro estaba seguro de que su vida sería feliz a partir de ese momento. No habían matado a la bruja, como pasaba en los cuentos, pero la habían dejado atrás para siempre. Ya no podría hacerles daño.
            Entonces de un matorral que había en el borde del camino le llegó una voz:
                        No dejes atrás tus miedos, pues siempre retornarán.
siempre hay que plantarles cara, vencerles o vencerán.
El terror es insolente y siempre vuelve al presente.
                        —¿Lo has oído, Greta?
                        —Si, viene de ese matorral.
            La muchacha se agachó y le pareció ver un insecto entre las hojas del matorral. Un insecto que se escondió… trasformando el matojo en el rostro de doña Críspula.
            Greta ahogó un grito. No quería asustar a Jandro.
                        —Vamos enano, seguramente no sea nada.
            Pero claro que era algo. Esa voz le resultaba familiar. La visión de la cara de aquella bruja le recordó la maldición con la que les había recibido en la puerta del orfanato:”dos querubines nuevos para mí, me comeré vuestras almas”. La niña no entendió lo que doña Críspula había querido decir, pero desde ese momento vivió aterrada, esperando que la vieja se les comiera una noche mientras dormían.
            Por suerte habían tenido tiempo de crecer lo suficiente como para escapar de aquel lugar antes de que la bruja se los comiera…lo malo es que no tenían ningún otro sitio al que ir. No tenían un hogar al que volver. Y aunque Jandro estaba seguro de que sus padres les estarían esperando para abrazarles y con ellos podrían volver a ser felices, Greta no era tan optimista. 
            Greta no era como las otras niñas, cuyos padres les enseñaban los rudimentos básicos de la magia desde que eran pequeñas para poder vivir en un mundo cambiante, en el que el tiempo y el espacio siempre eran relativos y donde solo con esa pizca de magia se podía vivir. A Greta su madre solo le había anunciado que un día le enseñaría todo lo necesario, pero ese día nunca había llegado. Por eso  los cuatro años que habían pasado en aquel infierno de orfanato los había invertido en estudiar todos los libros de hechizos que cayeron en sus manos, aunque el que realmente tenía poder era su hermano, un poder puro y potente, aunque no lo había usado casi nunca, por miedo a no ser capaz de controlarlo. No era corriente que los niños tuvieran poder, solían ser las niñas las que tenían el poder de la tierra en su sangre, pero el caso de Jandro era especial. Greta lo descubrió por accidente, cuando vio a su hermanito en la cuna, agitando sus manitas y creando diminutos arcoíris a su alrededor que le hacían sonreír.
            Llevaban más de tres horas caminando y se les estaba agotando el agua. Decidieron parar a la sombra de un manzano, donde Greta podría conseguir algo que beber usando un sencillo conjuro en las raíces superficiales del frutal. Al sentarse volvieron a oir la voz, que les repetía la misma letanía de antes. Greta no quiso mirar a ninguna parte, la voz salía del árbol, pero no quería volver a ver la cara de doña Críspula.
            Después de refrescarse y descansar un poco volvieron al camino, las montañas aún quedaban lejos, pero ya se veían las azoteas de las casas y las chimeneas de las fábricas. Si nada se torcía quizá pudieran llegar antes de la noche. En la ciudad buscar agua y alimentos era más difícil con los pocos recursos de que disponían, pero Greta estaba dispuesta a confiar en el poder de Jandro, quien aseguraba que ya podía oir el latido del corazón de su madre. Greta sabía que eso era imposible, pero no quería ensombrecer la alegría de su hermano con sus propios miedos.
            Durante el camino recordaron todo lo que habían vivido, intentando centrarse solo en las cosas buenas: las buenas amigas que les habían ayudado a escapar y que les habían protegido en el orfanato, la luz del sol de la mañana dándoles en la cara tras cuatro años de dormir encerrados en un sótano sin ventanas... Aunque el gesto de Greta era de preocupación por la voz que les repetía no dejes atrás tus miedos… era un susurro constante y cada vez más insistente. Parecía que fuera el mismo aire quien se lo repitiera una y otra vez como un mantra. Esas frases estaban logrando minar la esperanza de Greta y al cabo de otro par de horas, parecía que estaban menoscabando la fe de Jandro también.
            Apretaron el paso con la decidida idea de llegar cuanto antes a la ciudad, buscar a sus padres y ¿qué? No lo sabían, pero sería bueno, seguro.
            Cuando llegaron al olmo seco que presidía de la entrada de la ciudad, la voz dejó de ser un susurro para convertirse en un grito atronador y de detrás del árbol vieron salir una fragante nube violeta que pretendía envolverlos mientras voceaba: No dejes atrás tus miedos…
            Jandro cogió la mano de su hermana, asustado. Greta supo en ese momento de donde venía realmente la voz, supo a quien pertenecía.
                        —¿Mamá?
            Jandro  miró atónito a Greta. Él no recordaba la voz de su madre.
                        No dejes atrás tus miedos, pues siempre retornarán.
siempre hay que plantarles cara, vencerles o vencerán.
El terror es insolente y siempre vuelve al presente.

            Definitivamente era la cariñosa voz de su madre. Intentaba avisarles de algo. Greta se dio cuenta demasiado tarde:
                        —Deberíais hacer caso a vuestra madre, querubines.—Dijo doña Críspula a sus espaldas.
            Cuando Greta se giró y vio a la vieja señalándoles con su bastón supo que el poder de Jandro no era tan fuerte, que la Piedra Límite no había sido capaz de encerrar su pasado al otro lado de la vía. Siempre vivírían con miedo.
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                   —El alma de los querubines es deliciosa, pero no me ha saciado.
         Doña Críspula recordaba con deleite el sabor de aquel alma que devoró hacía cuatro años. Aquel alma fuerte y dulce de madre si que le había quitado el hambre.

Este relato está enmarcado en el reto de escritura #Origireto2020 organizado por Kat y Stiby. Podeis consultar las bases y apuntaros en sus blogs clickando  aquí o aquí.

JUNIO:

Objetivo 1: Escribe tu propio cuento con enseñanza.
Cuentos y leyendas A: Hansel y Gretel.
Criaturas del camino II: Brujas.
Objetos ocultos: 1 Una estaca y 3 arco iris.
Además: milpalabrista (2003 palabras), doble dragón por relato de fantasía, rosa insolente por protagonista femenina y creo que no me dejo nada.

Gracias por leer hasta aquí.
Déjame tu comentario para saber que es lo que tú cambiarias en este relato.

sábado, 23 de mayo de 2020

DIFERENTE

DIFERENTE


         No era nada difícil una vez le cogías el tranquillo. Solo había que fijarse bien en los cables antes de conectarlo todo.
         Lo más difícil de ser electricista había sido el pasado. ¿Verdad? Claro que sí. Lo más difícil fue lograr que en la facultad tanto los compañeros como los profesores me trataran como una más. Pero con perseverancia se consigue todo en esta vida. Eso decía siempre mi madre. Porque mi madre era una sabia, y siempre me había apoyado y siempre me había querido tal y como soy.
         Ella me enseñó que mis diferencias del resto de los niños eran lo que me hacían especial. Ella me enseñó a quererme a mi misma tal y como soy. Me enseñó a cuidarme sola y a buscarme la vida… pero siempre se mantuvo cerca por si la necesitaba. Y la necesité muchas veces, porque ser diferente nunca fue sencillo. Porque yo no elegí ser diferente y nunca quise serlo, así que me esforcé desde muy pequeña en no serlo: en no perder cursos para ir a la par de mis compañeros de clase, para que no me excluyeran y se rieran de mi. Pero siempre fui un unicornio en una manada de caballos. Para el que miraba desde fuera resultaba imposible no fijarse en mi. Eso siempre fue lo peor: la atención. Todo el mundo se fijaba en mi. Muchos me compadecían, otros solo me señalaban pero era más que suficiente para minar la autoestima de una niña.
                   —Nieves querida, que desgracia que te haya tocado semejante cruz. No me imagino lo que debe ser tener una hija así. Mira sin embargo mi niño, Sebas, algún día será un apuesto hombre de negocios. Con su niña va dando pasos de hormiga. Qué pena. —Le decían las vecinas.
         Sin embargo mi madre siempre estuvo allí para hacerme ver que no tenían razón en sus valoraciones. Que yo era diferente, si, pero que no era menos que nadie, y que si quería que me respetaran debía hacérselo ver, cuanto antes mejor.
         Mi madre sufrió mucho para sacarme adelante. Mi padre trabajaba muchas horas fuera de casa para que no nos faltara de nada, mientras mi madre me ayudaba a entender el mundo… y a que el mundo me entendiera a mí.
         No es que mi padre no me quisiera o no me aceptara, pero para él era mucho más difícil. Mi tía Elvira, su hermana, había sido igual que yo. Pero en la época en la que ella vivió eso era un estigma enorme. Para la sociedad de aquella época no era más que una “niña mongolita” y poco se podía hacer por ella salvo compadecerla. Nunca tuvo las oportunidades que yo. Aunque su familia la amaba y la cuidaba, nunca tuvo la oportunidad de aprender a vivir sola y eso hizo que acabara sus días encerrada en una institución donde acabó muriendo antes de tiempo, sola. Así que mi padre se sentía responsable de mi cromosoma erróneo y como emocionalmente no era capaz de ayudarme, puso todo su empeño en darme todo lo que mi tía Elvira no pudo tener. Por eso trabajaba de sol a sol, o incluso aceptaba trabajos extra para poder costearme todas las oportunidades que su hermana nunca tuvo. Era su forma de purgar su culpa.

         Pero yo nunca le había culpado de nada, y mi madre tampoco. Las cosas pasan y si algo se es que hay que atajarlas como vengan para poder salir airoso. Y eso lo sé por todo lo que he vivido, pero también por todo lo que he leído. Mi padre pasaba poco tiempo en casa, pero tenía una gran estantería repleta de libros y dedicaba sus escasos ratos de ocio a leerlos. Así que desde pequeña sentí una gran curiosidad por los libros. ¿Cómo eran capaces de mantener a alguien tan atormentado absorto durante tanto rato en su lectura? Pareciera como si el mundo entero se apagara a su alrededor. En cuanto aprendí a leer lo comprendí: los libros podían transportarte a mil universos donde daba igual quien fueras y cuales fueran tus circunstancias. Así que dediqué gran parte de mi infancia a devorar todo lo que caía en mis manos: desde cuentos a libros sobre historia o filosofía. Por supuesto también libros sobre mecánica y electricidad, puesto que desde pequeña siempre sentí gran curiosidad por saber cómo y porqué funcionaban las cosas que me rodeaban.
                   —Lo de su hija no es normal. Algún día vamos a tener un disgusto. Es mejor que sigua leyendo, si dice usted que la gusta tanto. Mira mi Sebas, que casi sin esfuerzo saca tan buenas notas, y nunca nos da un disgusto. Algún día será un gran abogado, o un director. Su hija tendrá que vivir de las miguitas que le den cuando ustedes le falten.—Solían decirle a mi madre las vecinas del bloque cuando comentaba con ellas mis aficiones. Y si, algún susto tuvimos debido a mi afán por construir inventos a partir de juguetes que yo misma desmontaba. Algún cable se había quemado y alguna bombilla se había fundido, pero nada de lo que las temerosas vecinas hubieran tenido que preocuparse.
         Con el tiempo mi afición se convirtió en mi vocación y acabé estudiando Ingeniería Eléctrica. Porque llegué a un punto en el que necesitaba saberlo todo sobre la electricidad. Necesitaba saber cómo funcionaban las placas solares y como las estaciones y subestaciones eléctricas podían abastecer de energía a ciudades enteras. Mi ansia por saber cómo funcionaban las cosas no había menguado por el tiempo, sino todo lo contrario.
                   —Estáis tirando el dinero, Nieves. Sin embargo mi Sebas está ya ganando el suyo. Se ha hecho youtuber y como es tan guapo tiene mucho éxito. No necesita estudiar, porque ahora ya no hace falta eso para ganarse la vida. —Le decían las vecinas del bloque a mi madre cuando comentaban en la escalera que yo estaba estudiando una carrera superior. Las vecinas no tenían la misma fe en mi que demostraba mi madre. No entendían que tener síndrome de Down no era un impedimento para que mi curiosidad fuera infinita. Y no eran capaces de ver todo el esfuerzo que hacía por saciarla. No valoraban que la belleza física no era garantía de nada en esta vida. Para algunas de ellas no era más que una “niña mongolita”.
         Pero además no tenían ni idea de la necesidad que yo sentía de mostrarle a mi padre todo lo que le quería, para que pudiera estar orgulloso de mi y no se sintiera culpable nunca más. Necesitaba sobre todas las cosas ver ese brillo especial en sus ojos, el mismo que había en los de mi madre cuando me miraba, pero que en los suyos estaba apagado por el tormento que suponía para él tener una descendencia “defectuosa”. Por supuesto él nunca me dijo nada por el estilo, pero era algo que se le notaba. Desde pequeña pude ver un velo de decepción en su mirada cuando la posaba en mi.

         Pero ahora estaba allí, en el cuarto de contadores de mi bloque, sustituyendo los contadores antiguos por unos digitales mucho más eficientes. Demostrando a mi actual jefe que no necesitaría 15 días de prueba para ver que era muy buena en mi trabajo, porque me encantaba. También para demostrar  a mis vecinas que nunca habían tenido razón en los comentarios que le habían hecho a mi madre. Pero sobre todo para que mi padre pudiera sentirse, por fin, orgulloso. Ya no necesitaba trabajar de sol a sol. Nunca más tendría que aceptar trabajos extra. Mi sueldo como electricista era bueno y seguiría viviendo con ellos para afrontar con él todos los gastos domésticos y que ellos pudieran, por fin, descansar y disfrutar de su tiempo. Quería devolverles todo el cariño que me habían dado y demostrarles que cada minuto que me habían dedicado en la vida había merecido la pena.
                   —Nieves, ¿quién nos lo iba a decir, verdad? Su hija tiene un buen trabajo. Mira si Sebas, todo el día con el móvil en la mano pero de trabajar nada. No sé qué va a ser de él.
                   —Yo siempre confié en ella. Sabía que encontraría su camino en la vida.

……………………………………………………………..
                   —Te grabaré trabajando para recuperar seguidores en mi canal ¿Qué te parece? —Me dijo Sebas, con voz socarrona, desde el pasillo. Estaba despeinado y en pijama. Seguía viviendo con sus padres porque sus ingresos no le daban para más. Su novia le había dejado porque no estaba dispuesto a trabajar para labrarse un futuro a su lado. Nunca había sabido lo que era tener que esforzarse por algo.
                   —Me parece que lo de ser cigarra no te ha funcionado, Sebas. Déjame seguir con mi trabajo. Seré una hormiga más, pero no necesito más que mis manos para vivir.

 Este relato está enmarcado en el reto de escritura #Origireto2020 organizado por Kat y Stiby. Podeis consultar las bases y apuntaros en sus blogs clickando  aquí o aquí.



MAYO:
Objetivo 12: Usa tu relato para dar visibilidad a un colectivo minoritario.
Cuentos y leyendas K: La cigarra y la hormiga.
Criaturas del camino IV: Unicornios
Objetos ocultos: 9 las estaciones y 12 placas solares.
Además: milpalabrista (1467 palabras),  Tríada (por relatos que traten tema LGTB o minorías,considerando minoría las personas con sindrome de Down u otras enfermedades o síndromes estigmatizantes) Inconformista (relato con crítica social). A falta de confirmar estos puntos por las jefas, creo que no me dejo nada.


jueves, 23 de abril de 2020

MÁS QUE AMIGOS


MAS QUE AMIGOS    

             El estómago le daba vueltas mientras sus pupilas dilatadas por el viaje no lograban fijarse en nada. Podía sentir como la sangre corría por sus venas enfermas, como si fueran carreteras llenas de clavos. También sentía como aquella sangre infectada era incapaz de abastecer a sus miembros exhaustos y a sus órganos del oxígeno que necesitaban. Sus movimientos eran espasmódicos e inconexos. Boqueaba como un pez fuera del agua intentando llenar su cuerpo de aquello que le faltaba. Había logrado llegar arrastrándose hasta la puerta de un bar que por desgracia estaba cerrado. Intentó levantarse, pero sus manos no encontraban dónde asirse. Imágenes imposibles poblaban su cabeza moviéndose a cámara rápida mientras el cuerpo le dolía y le gritaba.
         Recordaba vagamente porqué estaba allí: no tenía ningún otro lugar al que ir. Quizá en aquel lugar tampoco encontrase ayuda, pero no tenía nada que perder, salvo su propia vida…


                  
                 

sábado, 18 de abril de 2020

EL EVENTO MÁS FÁCIL DEL MUNDO (ABRIL #ORIGIRETO 2020)

COMO ESTÁ EL SERVICIO


         Estaba harta de ser la chacha. Que si señorito por aquí, señorita por allá… Yo limpia que te limpia y cocina que te cocina… un solo día libre a la semana para salir a mi aire de aquel pisazo en el que servía. A veces me dejaban escuchar la radio en la cocina, cuando la señora no tenía jaquecas. Me había venido del pueblo a buscarme un porvenir y lo de ser criada solo era algo temporal, eso lo tenía claro. Tenía ahorrado ya casi lo suficiente como para buscarme mi propio hogar, y poder escuchar la radio cuando quisiera.

                  Estaba limpiando un enorme globo terráqueo en el despacho del señor que escondía un montón de licores en su interior. Lo abrí y elegí una pequeña botella de ron miel. Siempre me llamó la atención así que me la guardé en el bolsillo del delantal para brindar cuando al fin saliera de aquella casa. No la echarían en falta.
         Salí con cuidado del despacho escondiendo la botella cuando una centella peluda se me coló entre los pies y me hizo trastabillar y caer. Pude oir como se quebraba el cristal a cámara lenta. Mientras sentía como el oro líquido que acaba de robar me escurría por el delantal y empapaba la moqueta impregnando el ambiente con su aroma, una voz profundamente conocida me sobresaltó: mi plan de futuro se acababa de ir al traste.
                   —Vicenta, levante, por favor. Debe tener más cuidado con Pelusa, es una gata persa muy delicada, ha estado a punto de pisarla.
         La señora me miraba divertida ¿Dónde estaba su habitual furia? Se agachó a mi lado y descubrió mi pequeño hurto.
                   —Robar al señor está mal.
          Me despediría, seguro, y me echaría a la calle. Sin embargo se llevó los dedos mojados en ron a los labios y entrecerró los ojos. Su semblante cambió, ya no solo era divertido, también seductor.
                   —Mmmmmm, buenísimo. Deberías probarlo, te va a gustar. Mira…
         Acercó su rostro al mío y pude saborear la miel, directamente de sus labios.


Este microrelato está enmarcado en el reto de escritura #Origireto2020 organizado por Kat y Stiby. Podeis consultar las bases y apuntaros en sus blogs clickando aquí aq.


EL EVENTO MÁS FÁCIL DEL MUNDO (ABRIL #ORIGIRETO 2020)
nº Palabras: 339
Objetivos de @MuseOfTakagi:
     Que suceda en el siglo XX.
     El narrador de la historia debe ser una mujer.
     Que aparezca un globo terráqueo.
Objetivos personales:
     Debe haber un personaje no humano.
     Debe haber un recipiente o estancia cerrado.
     Tiene que haber algo líquido.

Aunque el reto solo incluía cumplir los objetivos asignados, el microrrelato además cumple con los que yo aporté a Kat, así que tiene un plus jejeje





domingo, 22 de marzo de 2020

LA BURBUJA


LA BURBUJA

                   Las olas rompían con una alegría excepcional aquella noche. Estaban estrenando puntillas de espuma contra las rocas mientras el mar embravecido no cejaba en su empeño de querer conquistar la tierra palmo a palmo. La marea estaba alta porque tenía algo importante que celebrar: la pasión había triunfado.



         La bruja del mar era mucho más que una hechicera. Por todo el océano era más que conocido que Úrsula era una usurera de tomo y lomo. De hecho su verdadero nombre era Mari Ángeles, pero Úrsula se acercaba mucho más a usura y por eso todas las criaturas del mar la llamaban así. Durante decenios se había forjado su fama a base de pedir precios desorbitados por sus filtros amorosos de dudosa eficacia, por sus predicciones a menudo desacertadas